Indicadores de Madurez Espiritual en la Vida de un Niño

Para alinearse exitosamente con la iglesia y para evitar la frustración de perseguir una misión ambigua, el ministerio de niños, tiene que ponerle detalles y descripciones a la misión de convertir a los niños en seguidores completamente devotos de Jesús.

La fidelidad usando cinco indicadores claves del proceso de madurez espiritual en la vida de un niño, nos ayudará a mantener nuestra misión de ayudar a los niños a convertirse en los Campeones Espirituales que Dios desea. Las cinco descripciones son: Gracia, Discipulado, Compañerismo, Servicio y La Mayordomia.

1. La Gracia (Comprender el evangelio):

Una de las mejores cartas que he recibido en toda mi vida decía: “El mejor regalo que jamás he recibido es Jesús. Él murió por nuestros pecados. Lo recibí cuando era muy pequeño. Dios me lo dio, Él lo mandó a la tierra. Si no lo tuviera la vida sería diferente. Si Él no hubiera muerto por nuestros pecados, nosotros estaríamos muertos. Amo mucho a Jesús.

Cada niño necesita comprender Romanos 3:23, que hay un don de gracia que todas las personas necesitan. Esta comprensión debe incluir el hecho de que recibimos el perdón mediante una oración de arrepentimiento y que podemos pedir a Jesús que esté con nosotros para guiar nuestra vida. Este fundamento del cristianismo necesita penetrar claramente en cada niño, seguido de la oportunidad de responder.

También es importante la enseñanza y el ejemplo de que debemos anunciar este don gratuito a otros niños que no conocen a Cristo. Un ministerio comprometido a desarrollar la gracia en los niños, provee oportunidades para el evangelismo de niños. No me refiero a llevar a los niños a las esquinas de las calles para que proclamen el evangelio a los personas. Pero hay oportunidades cada fin de semana cuando se anima a los niños a invitar a sus amigos a la iglesia.

Imagine una generación de niños que crezca con la expectativa de que Dios salva almas a través de la iglesia local. Imagine todo un ministerio de niños que piensan que es normal aceptar a Cristo como Salvador y Señor, y que también les parezca normal animar a sus amigos a hacer lo mismo. Imagine también a más niños de segundo grado dispuestos a describir valerosamente a sus compañeros de clase el verdadero “mejor regalo jamás recibido”.

Los niños necesitan comprender el evangelio, ellos están listos para responder y también para compartir este regalo gratuito.

2. El Crecimiento (Discipulado):

La fe de nuestros niños debe ser tal que cambien de adentro para afuera, no debido a un montón de reglas, sino porque desean hacerlo. Un ministerio de niños tiene que enseñar y modelar simultáneamente la vida como seguidores de Cristo, de acuerdo a lo descrito en Colosenses 2:6-7 “Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud”.

Estoy segura que la mayoría de los ministerios tienen el deseo de ver a los niños crecer espiritualmente. Para cumplir este proceso, hay dos elementos claves del crecimiento que merecen una atención especial:

  • Primero, el orden en que se presenta lo del crecimiento. El crecimiento sigue a la gracia, tal como la vida centrada en Cristo sigue al hecho de aceptar a Cristo. Invierta el orden, y el resultado será una vida confusa llena de reglas, que con seguridad alejará a cualquier niño, o adulto.
  • El segundo elemento, es el desafío que enfrentamos al intentar observar el crecimiento en acción. Un claro indicador del crecimiento espiritual de los niños es lo que refieren los padres acerca de la vida cambiada de sus hijos. Pero se requiere un filtro de sentido común. Cuando una madre me cuenta que su hijo ha dejado de pegar a su hermana, quizás no sea una señal de algo espiritual. Sí oigo que un niño está más acto a pedir disculpas, por sus errores después que en su clase le enseñaron sobre el perdón, me siento estimulada. (Aunque no pegar a la hermana es una buena idea, no importa cuál sea el motivo).

Cuando los padres cuentan estos buenos ejemplos, el ministerio está en curso. Si no hay testimonios, el ministerio precisa de cambios, porqué está fallando el impacto. Cuando una vida se asemeja cada vez más a Cristo, aunque sea tamaño de niños los demás se dan cuenta. Los padres no pueden dejar de notar mejoramientos, los líderes de pequeños grupos verán cambios, incluso los amigos notarán la diferencia. Además, el crecimiento incluye desarrollar un deseo por la adoración, un interés en leer la Biblia y el deseo de orar.

3. Grupos pequeños (Compañerismo):

Todas las personas tienen una necesidad común de sentirse vinculados. Esta necesidad se ve también en los niños, y por las mismas razones. Si un ministerio de niños puede abrir el camino hacia la comunión, los niños que asisten seguramente podrán enfrentarse mejor a los desafíos de la vida ahora, y también a los que tienen por delante.

Después de todo, no es fácil crecer en el mundo de hoy. Las desilusiones de los conflictos y las guerras, la incredulidad del abuso de parte de los adultos, y las demandas que vienen de la presión de los amigos pesan en los niños como nunca antes. Y no olvide el aumento de la violencia en las escuelas mientras que se desvanece el tiempo con la familia. Todo esto significa que muchos niños no tienen un lugar seguro donde procesar la vida y edificar relaciones saludables.

El ministerio de niños puede ofrecer pequeños grupos para que ellos puedan crecer sintiendo que son parte de un amoroso círculo de amigos. Es peligroso suponer que sus necesidades relacionadas serán suplidas fuera del ministerio. Es más seguro contar con líderes que tengan un corazón de pastor.

4. Los dones (Servicio):

Todos los cristianos reciben dones espirituales para ser usados en la obra del cuerpo local de creyentes. Pero es poco realista esperar que niños sepan exactamente cuáles son sus dones. Los ministerios de niños pueden, sin embargo, ofrecer oportunidades para que los niños exploren diferentes áreas de dones y observen el ejemplo de los adultos ejerciendo sus dones en la iglesia.

A mí me habría encantado recibir tales oportunidades en la iglesia cuando yo era niña. Para mí, parecía que había sólo tres formas de usar un don: predicar, cantar en el coro, o enseñar en la escuela dominical. Nunca noté las demás áreas de servicio, y a ni a nadie le preocupó mostrarme. No sabía que los hermanos que tienen el don de ayuda pueden contribuir para el buen funcionamiento de la iglesia, que los que tienen dones de administración pueden ayudar a organizar la iglesia, y que el don de comunicación creativa puede dar vida a las historias bíblicas. Servir en una iglesia que valora todos los dones espirituales me ha educado en la necesidad de que cada miembro del cuerpo local de la iglesia funcione bien. Y nunca es demasiado temprano para empezar este proceso de educación y valoración.

5. La mayordomia (mi tiempo, todo lo que soy y tengo es de Cristo):

Todo lo que tenemos le pertenece a Dios. Esta verdad puede ser aprendida a temprana edad. Cuando alguien en cualquier punto de su vida, comprende esta suprema propiedad, comprenderá que a Dios le honra el uso y manejo sabio de los recursos. Qué perspectiva tan sana para un niño, en un mundo que anima al materialismo y aplaude la deuda. Aunque la mayoría de los niños todavía no tienen gran cantidad de dinero o cosas que manejar, la buena mayordomía también se aplica a algo que sí tienen: tiempo.

Nuestros niños comienzan a darse cuenta de que hasta una pequeña inversión de su tiempo honra a Dios y puede tener impacto en la gente a la cual sirven. Un niño que aprende que puede haber buenos usos y más altos propósitos, para el tiempo y el dinero, está preparado para salir victorioso, en la lucha contra la codicia y los caprichos. ¿Quién no quisiera eso para los niños?

La comprensión de los indicadores de la madurez espiritual en la vida de un niño le proveerá un verdadero enfoque a la misión del ministerio de niños. Adémas usted ayudará a los padres de familia para que los niños se conviertan en los Campeones Espirituales que Dios desea.

Por: Abigahil Avila