Predicación Para Los Niños

Por lo general cuando pensamos en la predicación, nos imaginamos a una congregación de adultos sentados y escuchando silenciosamente el sermón del ministro. Sin embargo, los niños también pueden y deben experimentar la experiencia del sermón. Dado a que soy una ministra de niños, la mayoría de las veces que predico es a los niños. No obstante, ha habido ocasiones en las que he tenido la oportunidad de predicar a toda la congregación. Cuando eso sucede, los niños están presentes; ya ellos están acostumbrados a escucharme hablar. Como suelen hacer la mayoría de los ministros, ya me conocen porque hago, lo que muchos consideran, una pregunta retórica durante el sermón. Aun así, siempre hay un niño que grita la respuesta. Su emoción hace sonreír a la gente. ¡Predicar a los niños es algo diferente! 

Amo predicarle a los niños porque reciben el mensaje con honestidad. Cuando se les presenta el Evangelio, no hay necesidad de convencerlos de que son pecadores. Ellos lo saben. Como adultos, a veces tratamos de justificar nuestras acciones, nuestro pecado. [Contrario a esto], los niños generalmente asienten con la cabeza cuando les digo, “Todos hemos pecado…” Ellos lo entienden. Ellos han mentido. Han sido desobedientes o hecho cosas malas. Y así de fácil como aceptan el hecho de que han pecado, también aceptan con facilidad el perdón de Dios. Con frecuencia, como adultos, nos aferramos a nuestras justificaciones o sentido de culpa cuando lo que Jesús nos ha dicho es que tengamos la fe de un niño.

Empezaron a llevarle niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño de ninguna manera entrará en él”. Y después de abrazarlos, los bendecía poniendo las manos sobre ellos. Marcos 10:13-16 (NVI)

Es evidente que Jesús ama y valora a los niños. Él valora su fe. Como adultos, nos toca la responsabilidad de entrenar, enseñar y, sí, también de predicar para ayudar a los niños crecer en su relación con Dios. Aunque la predicación para niños sea un poco diferente a la predicación para adultos, nunca subestime la habilidad de un niño para entender un sermón y responder al llamado de Dios. Entonces, ¿cómo predicamos un sermón que los niños puedan entender y que impacte su fe?

En primer lugar, sea genuino y sincero. Si la predicación es sobre el perdón, reconozca que en ocasiones se le ha hecho difícil perdonar. Considerando la edad de los niños, compártales la manera en que Dios le ayudó a vencer alguna lucha en su vida. Yo amo compartirle a los niños historias de las ocasiones en que Dios se ha movido en mi vida o en la vida de personas que conozco. Muchas de nuestras luchas abarcan generaciones, y los niños necesitan conocer verdades de la Biblia que se aplican a ellos todos los días de sus vida, no solamente cuando son niños.

Lo próximo es, siempre compartir una verdad bíblica, no solo una historia de la Biblia. Las historias de la Biblia fueron escritas para enseñarnos el plan de Dios de redención y cómo vivir. No es suficiente que los niños conozcan la historia de Noé y el arca. Ellos necesitan reconocer que es posible vivir en santidad en un mundo impío, así como lo pudo hacer Noé. Si queremos que los niños aprendan a ser amables con sus enemigos o perdonar a otros, podemos predicarles usando la historia de José que perdonó a sus hermanos, a la vez que nos enfocamos en la verdad de que Dios desea que ese sea nuestro comportamiento. Cuando presentamos la verdad bíblica junto a una historia de la Biblia, los niños comienzan a reconocer que la Biblia no es una colección de historias divertidas. Se trata de lo que podemos aplicar en nuestras vidas hoy en día.

Adicionalmente, durante el sermón para los niños, sea claro con el mensaje que quiera transmitir. Los niños todavía no han desarrollado la habilidad de pensar de manera abstracta, así que un sermón sobre Jesús como agua vida o el pan de vida no es la mejor opción. En cambio, los niños pueden entender el concepto de que Jesús suple a nuestras necesidades. Si a eso le añade la historia de Jesús alimentando a los 5,000 y algún momento en que Dios suplió a una de sus necesidades personales, los niños podrán ver a Dios en acción. No obstante, en su emoción por predicar y compartir con los niños, recuerde que ellos sólo escuchan por un tiempo limitado; así que, sea breve. ¡Esto no es una mala idea cuando se le predica a los adultos también!

Por último, dele una oportunidad a los niños para responder al mensaje. Con frecuencia cuando les predicamos a los niños no les damos la oportunidad para reaccionar a lo que Dios les está hablando al corazón. ¿Cuántas veces durante un sermón hemos sentido la convicción o el llamado de Dios para pasar tiempo orando en el altar? Nuestros niños también necesitan esos momentos. Hay muchas formas de darle oportunidad a los niños para responder —invítelos al altar a orar; permítales dibujar sus oraciones en una hoja de papel; ponga una música inspiradora mientras ellos hablan con Dios. Sin importar el método que utilice, ayúdelos a experimentar a Dios en oración. Yo era una jovencita cuando me arrodillé en mi silla durante la escuela dominical y le pedí a Jesús que me perdonara de mis pecados. Ese momento significativo sucedió porque mi maestra no solamente me compartió la historia de Jesús, sino que también me dio la oportunidad de hablar con Él.

La mejor parte de predicar a los niños es cuando se da cuenta de que ellos realmente entendieron. Los niños se avergüenzan por la culpa de reconocer su pecado. Pero también asienten cuando admiten que están luchando con el tema del día. Más importante aún, los niños se arrodillarán ante Dios para pedirle ayuda. Es un honor y un privilegio tener una pequeña parte en lo que Dios está haciendo en la vida de los niños.

¿Por qué importa invertir en la vida espiritual de los niños? La mayoría de las personas que aceptan a Cristo lo harán entre las edades de 4 a 14 años.[1] Para muchos individuos, cuando llegan a los 13 años ya tienen su sistema de creencias establecido.[2]Prediquémosle a los niños en un tiempo cuando la mayoría de ellos están abiertos a escuchar la Palabra de Dios y responder a su mensaje.

 


[1] https://globalchildrensnetwork.org/about/

[2] George Barna, Transforming Children into Spiritual Champions (2003, repr., Grand Rapids: Baker Books, 2016), 35-39.