Atendiendo a los niños en crisis: Los niños y la ansiedad

Por Dr. Shaun McKinley, Director Internacional de Ministerios de los Niños

Recientemente, una de las publicaciones de Reader’s Digest imprimió una lista de palabras añadidas a nuestro vocabulario diario desde que el mundo comenzó la batalla con el virus COVID-19. La lista incluye pandemia, salud pública, PPE, distanciamiento social, cuarentena, aislamiento, sin contacto y bajar la curva, entre otros términos. Acompañado de este vocabulario revisado vino una nueva realidad llena de incertidumbre, inestabilidad e interrupción. Y con la “nueva normalidad” las estadísticas revelan que ha habido un aumento en el desorden emocional. En un estudio realizado en marzo de 2021 por los Centros de Control de Enfermedades se encontró que más del 40% de los adultos en Estados Unidos está experimentando síntomas de depresión o ansiedad desde agosto de 2020.

Mientras nuestro mundo sigue batallando con un virus ubicuo y buscamos regresar a la normalidad, debemos estar alertas de muchas personas, incluyendo niños, que sufren de desafíos emocionales y permanentes como resultado de este período. Para la iglesia, esto presenta una tremenda oportunidad para unirse a las familias y servir a los niños. Para los niños, un cambio significativo suele estar acompañado de temores y ansiedad. En un período caracterizado por las interrupciones en la educación, el aislamiento de familiares y amigos y una crisis de salud en sus comunidades y hogares, los niños que servimos pudieron haber experimentado cierto nivel de ansiedad en el pasado año.

La ansiedad, si no es atendida, puede afectar a los mental, física, espiritual y emocionalmente. Su impacto puede ser a corto plazo o durar por toda la vida. Los desórdenes causado por la ansiedad incluyen ansiedad por la separación, fobias, ansiedad social y desórdenes de pánico. Los niños que sufren por la ansiedad pueden sentirse inútiles o tries, verse temorosos o preocupados, y estar irritables y enojados. Las buenas noticias son que podemos ayudar a los niños a lidiar con la ansiedad y el estrés, sin importar la situación.

Aprenda a detector las primeras señales –Una de las herramientas de mayor valor para combatir la ansiedad en los niños es velar por las primeras señales de su presencia. Estas señales son diferentes en cada niño pero pueden incluir fatiga, problemas para dormir, dificultades para concentrarse y preocupación excesiva. Algunas señales externas pudieran ser comerse las uñas o ser inusualmente inquietos. Debe también considerar la edad del niño. Los más pequeños no han desarrollado el vocabulario necesario para compartir si están ansiosos, por lo que, por lo general, manifestarán la ansiedad a través de berrinches frecuentes, agresión, o ataques de crisis. Por lo general la irritabilidad o el aislamiento son señales que exhiben los niños más grandes.

Rutina – Otra buena manera de ayudar a los niños que batallan con la ansiedad es estableciendo rutinas y estructura. Si los niños saben lo que se espera o anticipa de ellos, ellos se sienten más relajados y seguros. Establezca un horario en el hogar o en su ministerio. De ser posible, publique el horario en un área visible. Aunque en ocasiones no puede mantener la consistencia exacta del horario o su orden, esto ayudar a proveer una estructura que el niño podrá seguir.

Escuchar – Es esencial conectarse con nuestros niños con frecuencia para saber cómo están. Escuche la expresión de sus sentimiento sin interrupir o corregir. Comparta aquellos momentos en los que usted se sintió ansioso y cómo lidió con ello. Incluya métodos espirituales (oración, devoción, meditación) y prácticos (buscar momentos de silencio, llevar un diario, hacer dibujos) para lidiar con la ansiedad. Pregunte a los niños cómo usted puede apoyarlos o ayudarlos, y dele seguimiento.

Destrezas para salir adelante – Cuando los niños están sobreabrumados por sus sentimientos de ansiedad, enfretamos el reto de calmarlos. Enséñeles a los niños mecanismos para supercar. En el hogar, ellos pueden respirar profundamente varias veces, contar hasta el 100, buscar un lugar callado para concentrarse o tener algo familia como un peluche, cobija o un juguetito para calmarse. En la iglesia, establezca una señal para que el niño le comparta cuando se están poniendo ansiosos, ofrézcale alguna actividad alterna para participar con el resto del grupo (como colorear o armar rompecabeas), o asígneles al niño un “amiguito” que trabaje exclusivamente con él/ella durante todo el período de la clase o tiempo de ministración.

Estimular – Estimule a los niños a canalizar sus sentimientos negativos en unos positivos. Cuando estén manifestando un comportamiento de ansiedad, pregúnteles, “¿En qué estás pensando?” Cuando compartan sus preocupaciones, recuérdeles algunas formas en las que puede lidiar con esos sentimientos. Como líder espiritual en sus vidas, recuérdeles las promesas bíblicas, como las que se encuentran en Deuteronomio 31:8, Salmo 94:18, 19, Proverbios 12:25, Mateo 6:25-34 y 1 Pedro 5:7.

Buscar ayuda – Si el niño manifiesta un nivel persistente o debilitador de ansiedad, quizás sea necesario buscar la ayuda de un profesional de salud mental. Las señales de que esta intervención podrían ayudar al niño incluyen su inabilidad a completar tareas diarias, no querer participar en actividades que típicamente disfruta y la pérdida de sueño o apetito.

El impacto de la crisis
Por Dr. Morais L. Cassell, PhD, NCC, MA, MS, Especialista/terapeuta en comportamiento de salud

Durante una crisis, es importante saber cómo están los niños/jóvenes. ¿Por qué?

  • Crisis (pandemia COVID-19, duelo/pérdida, ubicación académica/escuela, cambios en la economía, realidades raciones, ausencia de la adoración en persona) pude ser algo traumático para los niños/jóvenes y deja marcas invisibles en el cerebro, mente, cuerpo y emociones.
  • “Experiencias traumáticas/sobreabrumadoras que afectan el desarrollo del cerebro, la mente y la sensibilidad del cuerpo, los cuales están todos entrelazados” – Bessel A Van der Kolk, MD[1].
  • “El trauma no sólo daña el cuerpo y las emociones de los niños, pero también hiere el alma, asesina el alma – Leonard Shengold, MD[2].
  • “El trauma desatendido conduce a problemas de conducta internalizados (inseguridad, síntomas subsyndromal, depresión, ansiedad, quejas somáticas, despego de Dios/fe) y externarlizados (agresión, delincuencia, destrucción de propiedad, hipersexualidad) o activa síntomas traumáticos” – Dr. Morais Lee Cassell, especialidad/terapeuta en comportamiento de salud.
  • Esté alerta a los cambios – Comportamiento/sentimientos, hábitos alimenticios, problemas para dormir, pérdida de pelo, dificultad para concentrase, alejamiento, ira/frustración, falta de motivación, etc.

[1] Van, K. B. A. (2015). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma
[2] Shengold, L. (1999). Soul murder revisited: Thoughts about therapy, hate, love, and memory. New Haven, CT: Yale University Press.