Una iglesia, un Espíritu: unificados para reconciliar

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La secuencia no fue al azar:

  • El fuego fue personal: . . “…asentándose sobre cada uno de ellos” (Hechos 2:3).
  • El poder fue colectivo: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo…” (Hechos 2:4).
  • El testimonio se extendió por todo el mundo: “y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Aquel día en el aposento alto, algo cambió por completo. El fuego de Dios se apoderó de ellos, Su poder los equipó y sus vidas se convirtieron en un testimonio viviente desde ese momento en adelante. Su testimonio era más que simples palabras; era la evidencia viva de su propia transformación. C.S. Lewis, describe cómo Dios nos reconstruye de adentro hacia afuera; eso fue lo que ocurrió en Pentecostés: no eran personas simplemente mejoradas [por el Espíritu], sino transformadas.

Hechos 2:1 dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos”. El versículo describe el tiempo perfecto. El tiempo designado por Dios había llegado; reinaba la unidad ―estaban en un mismo sentir, en sintonía con la verdad y el Espíritu; y había un compromiso― y todos estaban en un mismo lugar. Cuando llegó el tiempo perfecto y el pueblo alineó su corazón con Dios, el cielo se manifestó. Pentecostés no ocurrió en medio de un pueblo dividido, sino en medio de un grupo de personas totalmente rendidas ante Dios. Apenas habían pasado unos 53 días desde la última cena, en la víspera de la crucifixión, cuando los discípulos discutían sobre “sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 22:24); pero en poco más de siete semanas, Dios los llevó de disputar por puestos a la unidad con propósito, y los llenó de Su poder. El poder se manifiesta donde no hay división. Todos los conflictos del pasado quedaron atrás; el control fue eliminado. Se acabó la competencia, y entonces hubo lugar solo para la presencia de Dios.

El término griego homothymadon para “unánimes” en Hechos 2:1 significa ‘con el mismo fervor’, ‘con una misma mente e ímpetu’, o ‘en unidad de propósito’. Este vocablo es más profundo que un simple ‘acuerdo’. No se trata solo de pensar lo mismo o de estar en un mismo lugar. Se trata de tener los corazones en sintonía, los deseos alineados y de moverse internamente en la misma dirección. En Pentecostés, ellos no solo estaban en el mismo lugar, sino que compartían el mismo espíritu y la misma hambre de Dios. Sin unidad, el impulso se debilita, el enfoque se dispersa y terminamos tirando en direcciones opuestas en lugar de avanzar como un solo [cuerpo]. En el aposento alto aquel día, las personas creyeron que algo estaba a punto de suceder. Estaban alineadas, esperando lo que Jesús dijo que vendría: la promesa de Hechos 1:4, 5.

El domingo de Pentecostés nos recuerda que Dios nunca quiso que Su iglesia viviera solo de recuerdos, sino del poder del Espíritu Santo. Los relatos históricos más recientes sobre avivamientos y derramamientos del Espíritu muestran lo que Dios tiene reservado para nuestros días. A continuación, algunos ejemplos:

  • El primer Gran Despertar (décadas de 1730 y 1740) en las colonias americanas y Gran Bretaña se caracterizó por una profunda convicción de pecado, conversiones de multitudes y una predicación poderosa que desataba respuestas emocionales y espirituales.
  • El segundo Gran Despertar (principios del siglo XIX): Se manifestó en campamentos en las fronteras de los Estados Unidos. Estas grandes reuniones al aire libre se caracterizaron por una profunda convicción y arrepentimiento. Como resultado, las iglesias crecieron y nacieron múltiples movimientos de reforma social.
  • El avivamiento de la oración (1857-1858) comenzó en la ciudad de Nueva York y se extendió por todo el mundo. Inició con un pequeño grupo de oración al mediodía y terminó en miles de encuentros diarios. Los distritos comerciales se paralizaban para dar lugar a la oración. El avivamiento se extendió hasta Europa.
  • En 1901, Charles Parham, un pionero del pentecostalismo documentó un mover glorioso que comenzó en el Colegio Bíblico Bethel de Kansas (EE. UU.). Basado en su relato, parafraseado de “La lluvia tardía”, esto fue lo que sucedió:

En diciembre de 1900, Parham les asignó a cuarenta estudiantes la tarea de investigar cuál era la evidencia bíblica del bautismo en el Espíritu Santo y presentar sus hallazgos en tres días. Mientras él realizaba un viaje a Kansas City, los estudiantes debían preparar sus conclusiones para presentarlas formalmente a su regreso.

Ellos ya habían cubierto los siguientes temas: arrepentimiento, conversión, consagración, santificación, sanidad y la inminente venida del Señor.

Cuando Parham regresó por la mañana, antes del servicio de vigilia el 31 de diciembre de 1900, se quedó maravillado al escuchar el relato de los estudiantes. Habían descubierto que, cada vez que se derramaba el Espíritu Santo, iba acompañado del don de nuevas lenguas.

Cerca de 75 personas se unieron a los cuarenta estudiantes para el servicio de vigilia. Ellos relataron que había una presencia poderosa del Señor en ese lugar. Durante el servicio, una estudiante llamada Agnes Ozman (más tarde LaBerge) pidió que le impusieran las manos para recibir el bautismo del Espíritu Santo, pues sentía el llamado a ser misionera. Al principio, Parham se negó a hacerlo porque él mismo aún no había recibido ese bautismo, pero ella persistió. Mientras imponían manos sobre su cabeza y oraron, Parham cuenta que, tras pronunciar unas cuantas frases, la gloria de Dios cayó sobre ella. Su rostro parecía envuelto en un resplandor y, de repente, empezó a hablar en chino, un idioma que desconocía por completo. Por tres días enteros, solo podía comunicarse en esa lengua. Incluso cuando intentaba escribir un mensaje para explicar lo que sentía, sus manos solo escribían en chino.

Los estudiantes optaron por quedarse orando durante dos noches y tres días. La noche del 3 de enero de 1901, Parham predicó en una iglesia Metodista Libre en Topeka. Pero les dijo a los estudiantes que a su regreso esperaba que todos hubieran recibido el bautismo con el Espíritu Santo. Cuando regresó a la escuela, escuchó sonidos en el cuarto de oración. Un resplandor, superior al brillo de las lámparas, llenó el cuarto. Allí había gente de doce afiliaciones religiosas diferentes. Todos habían recibido el bautismo del Espíritu Santo y hablaban en otras lenguas. Algunos temblaban bajo el poder de la gloria que los había llenado.

Poco antes de que llegara el hermano Parham, una anciana llamada la hermana Stanley se le acercó y le dijo que había visto ‘lenguas de fuego’ sobre sus cabezas. [Entonces,] Parham le pidió a Dios el bautismo, y escuchó Su voz llamándolo a ‘proclamar esta poderosa verdad al mundo’. Dios le advirtió que recibiría el bautismo si estaba dispuesto a defenderlo en medio de las persecuciones, dificultades, pruebas, difamaciones y escándalos que conllevaría. Él se comprometió con Dios e inmediatamente fue lleno del Espíritu Santo y comenzó a hablar en otras lenguas.

  • El avivamiento de 1904-1905 en Gales, se caracterizó por cantos espontáneos, arrepentimiento y reuniones guiadas por el Espíritu. Su influencia se extendió por todo el mundo.
  • El avivamiento de la calle Azusa (1906-1915) en Los Ángeles, California (EE. UU.), caracterizado por el hablar en lenguas, fue conocido por sus milagros y la adoración interracial, algo considerado radical para aquella época. Este avivamiento dio origen al movimiento pentecostal mundial.

Quizás usted lleva tiempo esperando en Dios, pero todavía hay rincones en su corazón que están divididos: entre el temor y la fe, el control y la entrega, su plan y el propósito divino. Pero no tiene porqué seguir así. Pidamos al Señor que encienda algo nuevo en cada uno de nosotros. Si usted anhela algo más que simplemente una emoción, si está cansado de sentir sequedad espiritual, si algo en su interior le dice que hay más —más poder, más fuego, más propósito— Dios le está invitando a rendirse y dejar que Él haga lo que solo Él puede hacer: transformarnos desde lo más profundo de nuestro ser.

Espíritu Santo, nos alineamos a Tu voluntad. Dejamos a un lado toda distracción y toda división. Ven y llénanos otra vez. Envía Tu fuego y vístenos con Tu poder. Queremos ser testigos audaces de Tu [palabra].

“Unificados para reconciliar” es nuestra declaración de propósito. Define por qué la iglesia debe permanecer en unidad. En esencia, significa que nos unimos con un solo fin: llevar a cabo juntos la misión de la reconciliación.

 

Referencias:

Lewis, C. S. “Counting the Cost.” en Mere Christianity. UK: William Collins, 2012.

Charles Parham. A Voice Crying in the Wilderness. Baxter Springs, KS: Apostolic Faith Bible College, 1902.

———. “The Latter Rain.” 1900–1901. Reimpreso en The Apostolic Faith, April 1951. Apostolic Archives International Inc. https://www.apostolicarchives.com/articles/article/8801925/173163.htm.

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Janice Miller

Janice Miller loves studying and teaching the Word of God. She has published two books, While Men Sleep (2016) and Critical Thinkers (2018), and has recently begun screenwriting. Married since 1975, she and her husband, Roy, live in Gallatin, Tennessee, where both are active in ministry at the Gallatin COGOP.