Un matrimonio hecho en las Filipinas

La expresión “los matrimonios son hechos en el cielo” tiene dos significados principales: Dios decide con quién nos casamos, y el matrimonio es una unión sagrada y eterna. Esto refleja las opiniones de muchas personas que consideran el matrimonio como la combinación santa de dos personas, y también refleja la idea de que ciertas cosas se ven perfectas juntas. Por ende, decir que “una pareja fue hecha en el cielo” es una frase que se refiere a la pareja ideal o a la combinación ideal de cosas, y tiene sus raíces en la creencia de que las fuerzas divinas orquestaron el momento en que se conocieron y encontraron el uno al otro.

Mi matrimonio con la que antes era conocida como la señorita Flordeliza Prado Reyes definitivamente que es conocido por Dios en Su soberanía. Al reconocer a Dios en todos nuestros caminos, Él dirige nuestras sendas, incluyendo nuestra decisión de casarnos. No quiere decir que va a ser un matrimonio perfecto que no enfrente desafíos, pero Dios siempre dirigirá nuestros pasos para ceder al matrimonio que es bíblico, duradero y feliz.

Conocí a Flor, como cariñosamente la llamamos, en la iglesia mientras todavía cursábamos en la escuela secundaria. Ella vivía en la ciudad de Marikina, y yo en la ciudad de Olongapo, que quedaba a 175 kilómetros (108 millas) de distancia. En cada verano, aproveché la oportunidad de vacacionar para visitar la ciudad de Marikina, donde asistía a la iglesia y podía ver a mi futura esposa. Durante mis días colegiales, me mudé a la ciudad de Marikina, donde creció mi interés por Flor, y se convirtió en una atracción real. Nos hicimos novios mientras estábamos en el colegio, pero tuvimos que

Ya yo estaba activo en el ministerio de la iglesia cuando nos casamos. El Señor bendijo nuestro matrimonio con dos niñas y un varón. Fui nombrado supervisor nacional de la Iglesia de Dios de la Profecía en las Filipinas en 1992, el mismo año en que nació nuestra primera hija. Nuestro matrimonio se convirtió en un ministerio colaborado. Desde entonces, Flor ha estado envuelta con los asuntos finanzas y administración de la iglesia y el ministerio de niños; esos son sus dones y puntos fuertes. Yo estuve envuelto en el ministerio la mayor parte del tiempo; no obstante, pasar tiempo con la familia ha sido una regla dentro de nuestro matrimonio. Yo he visto a ministros que priorizan el ministerio por encima de sus familias, creyendo que al hacerlo están glorificando a Dios. Muchos de ellos han sufrido el fracaso en sus matrimonios o desarrollaron familias disfuncionales durante el crecimiento de sus hijos.

Isaac nos dio un buen ejemplo de las prioridades en la vida. En Génesis 26:25 (NVI) dice, “Allí Isaac construyó un altar e invocó el nombre del Señor. Acampó en ese lugar y sus siervos cavaron un pozo”. Cuando Isaac se mudó a Beerseba, es evidente que seguía un patrón de prioridades en la vida de su familia. Primeramente, construyó un altar e invocó el nombre del Señor. Su primera prioridad fue Dios y adorarlo. Segundo, plantó su tienda; así estableció su hogar y familia, haciendo de la familia su próxima prioridad. Luego, sus siervos cavaron un pozo, lo cual fue el trabajo o ministerio al que Dios lo había llamado. Esa fue su última prioridad. Dios, familia y trabajo/ministerio —orden correcto— son la clave para mantener apropiadamente las prioridades de la vida que honran a Dios. Cuando no se sigue este orden, surgen los problemas. La buena administración del tiempo es un factor sumamente importante para hacer buen uso de las prioridades.

Pablo le instruyó a la iglesia en Éfeso un principio cristiano para la familia cristiana que es crucial para establecer familias que permanecen y viven gozosas:

Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.

Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él su Salvador. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos llegarán a ser uno solo”. Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo y que la esposa respete a su esposo. (Efesios 5:21-33)

Someterse unos a otros por reverencia a Cristo es el principio central. Si los esposos y las esposas practican el sometimiento mutuo, las esposas sometiéndose a sus esposos y los esposos amando a sus esposas, el resultado sería una relación armoniosa. A mi esposa, Flor le preguntaron varias veces, “¿Cuál es el secreto para una relación permanente y alegre?” Su respuesta era “entendimiento y paciencia”. Y al decir esto, añadía que no existe la relación perfecta. El matrimonio es probado por situaciones que lo destruyen o fortalecen, una vez pasan esas “nubes” [de situaciones]. Si usted es entendido y paciente, aprende a no reaccionar desproporcionadamente. Este tipo de reacción hace difícil [la práctica] del perdón. Por otro lado, su paciencia le da la oportunidad a su compañero de ser una mejor persona para la próxima ocasión.

Además del entendimiento bíblico del matrimonio, hay factores en la cultura filipina que contribuyen a una relación permanente y alegre.

Las parejas filipinas consideran que un matrimonio cristiano alegre consiste en fe, familia y amor fiel. Claro está, todos los matrimonios tienen problemas o dificultades, pero cuando se combinan los valores cristianos con la cultura filipina, sin duda, dan lugar a un fundamento sólido para lograr una unión alegre y feliz.

1. Cristo como el centro

Al hablar con parejas cristianas que son filipinos usted descubrirá que su gozo está en Dios y que Él es el centro de sus matrimonios. Además de tomar decisiones juntos y pedirle a Dios por Su guianza, las parejas también crecen espiritual y emocionalmente por medio de la oración, la asistencia a la iglesia y la adoración juntos. En Eclesiastés 4:12 dice, el “cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

2. Un compromiso que va más allá de los sentimientos

En el ambiente filipino la definición de matrimonio es algo más que una decisión personal —es un pacto solemne y sagrado que permanece; una alegría que dura como resultado de una decisión firme —que es, permanecer fieles incluso en los tiempos más difíciles. El alcance del amor no solo se demuestra en forma de romance, sino también por medio del sacrificio, la paciencia y la perseverancia.

3. Pamilya Muna (Valores sólidos sobre la familia)

Las parejas filipinas pueden decir que ellos aprecian la cercanía de sus familias. Cuando las parejas honran y respetan a sus padres, ancianos y parientes, sus matrimonios se fortalecen aún más. Sin embargo, para ser más efectivos, esto debe estar combinado con los límites apropiados. Las parejas disfrutarán armonía, paz y apoyo en lugar de conflicto si deciden ser uno, y a la misma vez, respetan la familia.

4. May Paggalang (Comunicación abierta con respeto)

Un hogar feliz para el hombre y la mujer también crece por medio de una comunicación directa y sincera, sazonada con gentileza. La cultura filipina valora cosas que son algo diferente, como pakikipagkapwa (humanidad compartida) y paggalang (respeto). Escuchar con humildad y hablar con bondad ayuda a prevenir los malentendidos y sanar heridas.

5. Perdón y misericordia

El matrimonio cristiano es un lugar de perdón, al menos en lo que concierne al matrimonio. Tomando en cuenta el hecho de que las parejas filipinas no están exentas a la inseguridad o los problemas —como asuntos del dinero, no verse por causa del trabajo o tener que hacer sacrificios personales— hay ocasiones en las que, hasta cierto punto, hay que tolerarse el uno al otro. En cuanto al dolor, tomar la decisión de perdonar es una manera de expresar el amor de Dios y darse permiso para ser feliz otra vez.

6. Responsabilidades compartidas y el espíritu de
Bayanihan

El sentimiento de cercanía en el matrimonio significa compartir y cuidar. Bayanihan es un término filipino que proviene de la unidad comunal y cooperación para alcanzar una meta particular. Naturalmente, el gozo es el resultado del esposo y la esposa que siguen el principio de bayanihan —ayudar y llevar las cargas mutuas de la vida. El resultado de una relación saludable y productiva sucede cuando dos personas en matrimonio crían a sus hijos, trabajan y cuidan de su hogar juntos.

7. Gratitud y alegrías simples

Con frecuencia hay personas que dicen que las pequeñas cosas son las que verdaderamente importante o que son las que hacen una mayor diferencia. Las parejas filipinas también suelen conectar su felicidad con pequeñeces como el tener a toda la familia sentada a la mesa para cenar, romper a reírse, orar juntos o simplemente pasar tiempo juntos. Estar agradecidos a Dios por lo bueno y lo malo es lo que verdaderamente sostiene y nutre el contentamiento y gozo permanente.

En resumen

El camino hacia el matrimonio cristiano para las parejas filipinas (y también otros) enfrentará momentos de altas y bajas; sin embargo, quedará profundamente marcado por la fe, el amor, el sacrificio y la esperanza. Si las parejas dependen de Dios, se respetan y aman mutuamente, y viven los valores filipinos que son inspirados y guiados por las enseñanzas cristianas, ellos podrán construir un matrimonio que no solamente permanece, pero que también es muy alegre.

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