En la presencia de Jesús: Gracia para matrimonios exitosos

En la madrugada del día de mi boda, el 7 de mayo de 2016, me subí a mi auto y conduje hacia un lugar tranquilo y apartado de mi pueblo natal. Mis padrinos de boda habían decidido pasar un tiempo conmigo previamente para celebrar el día que estaba a punto de comenzar. Todos nos alojamos en el mismo lugar, pero cuando ellos despertaron por la mañana y no me vieron, ¡se preocuparon y pensaron que había decidido suspender el casamiento! Esto nos causó mucha risa después; sin embargo, yo sabía muy bien que tenía una cita importantísima a primera hora de la mañana.

Mientras veía cómo el sol irrumpía a través de la oscuridad de la mañana, me presenté ante Jesús en la quietud y la calma para prepararme para el día de celebración que estaba a punto de hacerse realidad. Amáris y yo habíamos tomado la decisión de escribir nuestros votos el uno al otro. Así que, consciente de la responsabilidad que iba a asumir de por vida con mi futura esposa, tenía bien claro que necesitaba la ayuda de Dios para escribir este voto. Pero más importante, sabía que iba a necesitar Su gracia para cumplir con las palabras que iba a escribir. Sentí la presencia de Jesús, Su amor y Su voz dirigiéndome con ternura. En ese momento, y unos meses antes, había entendido una verdad importante: que sin Dios no puedo hacer absolutamente nada y, sin Jesús, me falta todo para ser el esposo que debo ser para mi esposa. Pero en la presencia de Jesús, tengo TODO lo que es esencial para amar, apreciar, apoyar y honrar a mi esposa como ella merece.

En la mayoría de las bodas tienden a usar este versículo muy conocido: “Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mateo 19:6 NVI). Pero probablemente, la parte que más se pasa por alto en este versículo es la unificación espiritual en el matrimonio. Sin duda alguna, no cuesta identificar la unión de las familias, las finanzas y el futuro en el matrimonio. Sin embargo, es difícil identificar la unificación espiritual porque no es visible; pero ese es el aspecto más importante del matrimonio. El matrimonio es un pacto espiritual entre un hombre y una mujer. Dios es el único que puede hacer que dos se conviertan en uno, y este es el resultado directo de una relación permanente con Jesús.

Mi esposa y yo reconocemos que somos novatos en lo que respecta al matrimonio. Muy a menudo admiramos y respetamos a aquellos que llevan décadas casados: ¡es un gran testimonio! Cada día procuramos aprender más el uno del otro y nos esforzamos por crecer en nuestra capacidad de amar. También entendemos de que ninguno de los dos llegará a amar al otro tanto como amamos a Jesús primero. [De manera que], para llegar a ser el cónyuge que debemos ser el uno para el otro, tenemos que dedicar tiempo en la presencia de Jesús de manera constante, fiel, ferviente y continua

Para crecer en el amor, debemos pasar tiempo con Aquel que es la esencia del amor. Mi esposa y yo hemos descubierto que, cuando dedicamos tiempo en la presencia de Jesús, comprendemos cuán grande es Su misericordia, Su bondad, Su fidelidad y Su presencia hacia nosotros. Los recordatorios del amor de Jesús son el ejemplo perfecto que necesitamos para amarnos mutuamente. Recuerdo un mentor que solía decir: “Casi todo se aprende por imitación, antes de que sea enseñado”, es decir, las cosas se absorben al estar en contacto y cerca de ellas, más que por la información que se recibe. Esto es una verdad absoluta sobre el amor de Jesús. Mientras más tiempo estoy en Su presencia y dejo que Su amor me llene, con mayor facilidad aprendo a practicar este ejemplo de amor hacia mi esposa.

En la presencia de Jesús, nuestros corazones se van tejiendo y uniendo en uno solo. Al priorizar Su presencia, se elimina de raíz todo aquello en nuestra vida que impide que seamos ‘una sola carne’. La soberbia no puede coexistir en la presencia de Jesús, tampoco el egoísmo. Tampoco caben el enojo ni un espíritu conflictivo. Todo aquello que exalta el orgullo y los deseos carnales tiene que ser anulado en la presencia de Jesús.

Cuando nos sometemos constantemente a Jesús como un estilo de vida, el resultado natural es un estilo de vida de entrega hacia nuestro cónyuge. Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor . …Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. (Efesios 5:21, 22, 25)

El temor a Jesús produce en nosotros un tierno aprecio hacia nuestro cónyuge. En el momento en que perdemos ese temor, tendemos a priorizarnos a nosotros mismos y perdemos el desinterés que Él nos mostró.

Después del regalo de la salvación que Dios nos ha dado a través de Jesucristo, el mejor regalo que he recibido en mi vida es mi esposa, Amáris. Estoy agradecido por la verdad de Su Palabra que dice: “Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes…” (Santiago 1:17 NVI). El matrimonio no es más que un regalo de Dios. Con frecuencia, cuando oro, recuerdo que sin Jesús estoy completamente desvalido y arruinado. Lo necesito cada vez más. Gracias a Su presencia, tenemos todo lo que necesitamos para ser los cónyuges fieles y afectuosos que Él espera que seamos.

Share the Post: