El Diccionario Bíblico de Young define el matrimonio de la siguiente manera:
“La unión entre un hombre y una mujer consumada por primera vez en el jardín del Edén entre Adán y Eva. Esta unión se convirtió en el modelo para todas las demás uniones” (Génesis 2:24; Mateo 19:46). (Young, [p.] 359 en inglés)
Habiendo vivido una vida cristiana por hace algún tiempo, puedo dar testimonio sobre cómo construir un matrimonio feliz. Mientras me preparaba para escribir este testimonio, mi mente viajó rápidamente a los años que Prudence (mi esposa) y yo hemos transitado juntos. Mi esposa vino a formar parte de la familia justo cuando respondí al llamado de Dios para trabajar a tiempo completo en el ministerio. Iniciamos este camino juntos en enero de 1990, y Dios nos ha bendecido con cinco hijos. Nos ha permitido celebrar nuestro trigésimo sexto aniversario, y continúa dirigiendo nuestras vidas. Alguien podría preguntar: “¿Ha sido maravilloso cada día?”. No, pero procuramos hacerlo feliz aun en medio de los desafíos que encontramos en el camino. Alabo a Dios porque estamos seguros de quién nos trajo hasta aquí y nos unió en esta relación. Jamás hemos olvidado quién es la Fuente del matrimonio, y sin Su presencia, no hay relación que pueda sobrevivir a las pruebas del tiempo, y mucho menos ser felices en el proceso.
Testimonio de amor
A medida que nuestra familia ha crecido, he podido sentir la fuerza del amor de Prudence, y sé que ella ha sentido lo mismo por mí. Su amor llena el hogar de día y noche, y siento la presencia del Espíritu Santo en nuestro hogar. No podemos negar la verdad [absoluta] de que Dios es amor, pues, ese es el [vínculo] que nos ha ayudado en nuestra vida todos estos años. Mis responsabilidades ministeriales me han mantenido ocupado tanto cerca como lejos del hogar. En ocasiones, según han aumentado las responsabilidades del ministerio, a veces he tenido que compartir el tiempo con mi familia con la congregación, pero lo hemos hecho juntos. Mi compañera de vida es maestra y también tiene responsabilidades fuera del hogar. A menudo mi pequeño “ángel” llega a casa muy agotada, y [no puedo ayudarla] debido a que a veces tengo que salir a cumplir mi deber ministerial. Pero cuando estoy de regreso en el hogar, su personalidad no cambia; siempre irradia amor.
Para entender nuestra historia de amor, es importante enfatizar que el diccionario Oxford define el amor como “un sentimiento intenso de vivo afecto”. Así que debido a que el amor se basa en los sentimientos, puede ser lacerado. Por consiguiente, tenemos que cuidarlo. El amor puede ser lacerado por comportamientos, palabras y otras acciones. Incluso las miradas pueden infligir daño al amor. Esto me hizo prestar mucha atención a mi vocabulario, pues, las palabras podrían ser interpretadas de manera diferente en ocasiones.
Como mencioné previamente, Prudence y yo estamos seguros de quién nos unió en matrimonio, y sabemos que siempre debemos consultarle si tenemos desacuerdos entre nosotros como pareja. Para ser felices en el matrimonio, es imperativo tener una relación profunda con Aquel que lo diseñó. Con toda certeza, es Dios mismo. El Dr. Wallace Pratt, en uno de sus talleres sobre el matrimonio en Esuatini, recalcó que, en todo matrimonio exitoso y feliz, Dios debe estar por encima de ambos individuos —el esposo y la esposa. Dijo enfáticamente que el triángulo matrimonial
comienza con Dios en la cima y la pareja en la base. Si Dios no está al control del hogar, no puede haber felicidad en el matrimonio; [la relación] se limitará simplemente a soportarse con PACIENCIA.
Estoy convencido de que la felicidad en el matrimonio se alcanza plenamente si la intimidad se valora profundamente y tiene prioridad en la vida de la pareja. Según Génesis 2:24, el propósito divino al crear al ser humano fue para que experimentara la intimidad en el vínculo matrimonial. Las dos palabras centrales en este versículo son ‘DEJARÁ’ y ‘UNIRÁ’. ‘Dejará’ significa ir a un nuevo lugar, mientras que ‘unirá’ significa adherirse, pegarse firmemente, permanecer de forma segura o aferrarse.
El mensaje principal de Dios sobre el matrimonio es claro: no fue diseñado para que las parejas tuvieran que soportarse mutuamente, sino para que disfrutaran de una relación llena de alegría, compañerismo y unidad indisoluble. Por eso Adán, en el jardín del Edén, poéticamente exclamó cuando le presentaron a Eva: “Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:23). Sus palabras fueron una celebración del amor de Dios entre Eva y él mismo.
Testimonio de la familia
Entendemos que, aunque somos personas individuales, ante los ojos de Dios somos UNO. Las alegrías y dificultades de mi esposa también son mías porque somos una [sola carne]. Esta fórmula divina que Dios creó ‘1+1=1’ nos impulsa a enfrentar juntos los retos de la vida y también a celebrar los triunfos. Nos apoyamos el uno al otro en todas las batallas que enfrentamos.
El secreto de este matrimonio feliz es el amor, el respeto y la honestidad mutua. Mientras escribía este breve testimonio, le pregunté a mi esposa qué opinaba sobre un matrimonio feliz y exitoso. Así respondió:
Como hija de Dios nacida de nuevo, es importante mantener nuestro cristianismo en todo momento. La hipocresía o la falta de sinceridad es un [veneno] que puede acabar con cualquier matrimonio. Los principios divinos son nuestro pilar y nos han mantenido juntos.
Estoy de acuerdo con ella. Busquemos exaltar el amor de Dios en nuestro matrimonio. Cuando honramos ese amor, prevalece la paz en nuestros hogares.
La base del matrimonio es la suma de lo que cada uno aporta. El ‘yo’ de cada uno darán resultados maravillosos siempre y cuando Dios esté por encima y controle nuestros pensamientos y acciones. Tristemente, muchos matrimonios fracasan y muchos de los que permanecen juntos nunca están a la altura de las expectativas. Esto se debe a que simplemente ignoran la supremacía de la Palabra de Dios como su guía. Muchas familias toman sus culturas como guía para sus hogares, pero cuando éstas chocan con los valores divinos, ocurre una situación crítica en el hogar. Nuestros hogares, especialmente nuestras alcobas, no deben ser campos de batalla llenos de palabras ofensivas, sino lugares de paz y seguridad, descanso y disfrute del amor que cada uno aporta al matrimonio.
Varias disciplinas cristianas resaltan los valores cristianos y son de gran ayuda para nuestras familias:
- Amor (Efesios 5:25)
- Oración (1 Corintios 7:1-5)
- Santidad (Hebreos 13:4)
- Respeto (Efesios 5:21)
- Satisfacción (1 Corintios 10:24)
Con toda certeza, afirmo por experiencia propia que Dios ha estado con nosotros en nuestro matrimonio, y como familia concluyo diciendo que, sin el amor de Dios, ninguna relación matrimonial será plena y duradera.