Cuando el servicio se convierte en nuestro sello: El poder del ministerio encarnacional en Ceará, Brasil

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La iglesia existe con un solo propósito: proclamar a Cristo y hacer discípulos. Sin embargo, la manera en que cumplimos esa misión cambia según el lugar donde estemos. A veces nos conformamos con depender únicamente de la predicación del domingo, olvidando lo que Jesús nos enseñó con tanta claridad: que el servicio real, práctico y con amor abre caminos donde las palabras solas jamás podrán hacerlo.

Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Ceará, Brasil, para acompañarlos en su segunda convención estatal. Regresé con el corazón conmovido al ver cómo la IDP está logrando que la Palabra se encarne para alcanzar a la gente con el evangelio. Es hermoso ver el trabajo que realizan, sirviendo a la comunidad paso a paso, liderados
por el corazón de siervo de nuestro obispo nacional en Brasil, el Dr. Hernandes Fernandes Filho, y el liderazgo de Ceará. A continuación, algunas de las increíbles iniciativas sociales que están transformando esa región.

En la región de Caucaia, el pastor Valdo Silva lidera desde 2016 el Proyecto Fraternidad y Familia. Esta iniciativa combina la evangelización con el apoyo a las familias y, lo más impactante, con la construcción de casas pequeñas para aquellos que lo han perdido todo o viven en extrema vulnerabilidad. Es un proyecto audaz que está siendo levantado con muy pocas manos y recursos mínimos, pero la escasez se queda corta frente al gran amor y sacrificio que tienen por su gente. El trabajo del pastor Silva es un vivo ejemplo de lo que sucede cuando una iglesia decide abrazar con la misma fuerza el hambre espiritual y física de su comunidad.

En Fortaleza, el servicio ha tomado una forma distinta pero igual de valiosa. El Proyecto Movimiento y Vida, que nació hace apenas un año, usa el voleibol como un puente para transformar vidas. Lo que comenzó como una prueba con solo cuatro jóvenes, hoy reúne a veintiún participantes activos. La iglesia ha descubierto algo muy importante: los jóvenes tienden a reunirse en las canchas y los campos de juego. Así que, en vez de
quedarse esperando a que ellos lleguen al templo, la iglesia sale a buscarlos. Los líderes llegan a su lugar de encuentro, crean lazos genuinos en su contexto y les demuestran a través de su presencia que el evangelio es real.

En Santa Quitéria, el pastor João Paulo lidera el Instituto Efraín bajo el lema: Salvando vidas y restaurando historias. Este compromiso lo viven en el día a día a través de grupos de recuperación que acompañan y abrazan en comunidad a quienes luchan contra las adicciones. Santa Quitéria sostiene firmemente que la iglesia es precisamente el lugar donde las historias rotas se vuelven a escribir

En la región de Lagoa Salgada, en Cruz, el pastor Júnior lidera el Proyecto David y Ester, dedicado a la niñez. Su lema, “¡Hoy niños y niñas; mañana reyes y reinas en la presencia de Dios!”, define la visión en su totalidad. Su enfoque es simple pero transformador: alimentar el cuerpo, alegrar el corazón y presentar a Jesús, cuidando de forma integral su bienestar físico, emocional, social y espiritual. A los niños, cuyas circunstancias de vida podrían hacerles creer lo contrario, la iglesia se acerca para recordarles con amor que en Cristo tienen dignidad, valor y propósito.

También en Bela Cruz surgió otra oportunidad para servir a través del deporte. La iglesia desarrolló un proyecto de fútbol llamado Fútbol es Vida, como una herramienta para establecer relaciones, brindar mentoría y dar enseñanza espiritual. Este programa está abriendo espacios donde los adolescentes y jóvenes se topan con adultos que de verdad se preocupan por ellos, una comunidad que los recibe, y una visión clara del potencial de sus vidas.

[Sin duda,] lo que la Iglesia de Dios de la Profecía está viviendo en Ceará es algo que la iglesia contemporánea necesita rescatar con urgencia. Al final del día, la credibilidad de una iglesia ante su comunidad no se basa en argumentos teológicos ni en estructuras institucionales. Se basa en que el hambriento, quebrantado, marginado y abandonado encuentra una iglesia que genuinamente les demuestre su amor. En otras palabras, que la iglesia
se encarne, permanezca y esté dispuesta a ir más allá de lo cotidiano.

Dar de comer al hambriento, abrazar a una familia, servir de mentor a un joven a través del deporte, acompañar a aquel que lucha por salir de las adicciones, levantar un techo para el desamparado, enseñar la Palabra y orar con las familias, no son tareas separadas. Todo es el reflejo de una sola convicción centrada en Cristo: que la iglesia ha sido llamada a servir.

Servir no es algo que la iglesia realiza; el servicio es la esencia de lo que somos. El ministerio encarnado no se vive encerrado en reuniones de comités, sino en las calles, los barrios, los proyectos sociales, las canchas de juego, las familias y en el día a día de la gente. Los apóstoles lo sabían muy bien; estos son los lugares donde las acciones tangibles abren las puertas que los sermones solos jamás podrán abrir

En la región de Ceará, la Palabra de Dios continúa encarnándose. Este sello está estampado en las vidas que están siendo cambiadas y en el evangelio proclamado por un pueblo determinado a reconciliar a su comunidad con Cristo por medio del poder del Espíritu Santo, un acto de servicio a la vez.

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