Hay líderes que [después de su trayectoria] dejan programas impresionantes. Otros son recordados por sus conferencias, estrategias y logros organizacionales. Aunque ciertamente esos logros tienen su lugar, la verdadera medida del ministerio se encuentra en la gente. Mucho después de que concluyan los eventos y los títulos hayan cambiado, las vidas moldeadas por un liderazgo fiel continúan dando fruto por generaciones. Ese es el legado del obispo Kirk Rising.
Al llegar a la conclusión de su servicio como director internacional del Ministerio de Jóvenes de la Iglesia de Dios de la Profecía, la iglesia global celebra no solamente los años de fidelidad en su liderazgo, sino también un ministerio que consistentemente miró más allá del presente para invertir en el futuro. Durante décadas de servicio, el obispo Rising creyó que los jóvenes no solamente son el futuro de la iglesia, ellos son una parte esencial del “ahora” de la iglesia. Más importante ha sido su habilidad para ver el potencial en jóvenes y señoritas antes de ellos reconocerlo por su propia cuenta. Esa habilidad definió su ministerio.
Mucho antes de formar parte del liderazgo internacional, Kirk Rising desarrolló un corazón por el discipulado de jóvenes en el ministerio local de su iglesia, en el liderazgo de jóvenes y en su servicio misionero. Sus asignaciones lo llevaron fuera de los Estados Unidos a Alemania y Polinesia Francesa, donde descubrió que, aunque las culturas sean diferentes, el llamado de Cristo sigue siendo el mismo. Los jóvenes en todas partes del mundo anhelan tener propósito, sentido de pertenencia y oportunidades para servir. Esas experiencias moldearon una filosofía de ministerio que más adelante influenciaría a miles de iglesias de la Iglesia de Dios de la Profecía.
Antes de convertirse en director del Ministerio Internacional de Jóvenes, el obispo Rising sirvió fielmente como pastor de jóvenes y director estatal de jóvenes, invirtiendo horas ilimitadas en campamentos, retiros, conferencias de líderes, reuniones de discipulado y congregaciones locales. Los que trabajaron a su lado prontamente reconocieron que él consideraba cada evento como algo más grande que el evento en sí. Cada retiro se convirtió en la oportunidad para invitar a los jóvenes a profundizar en el discipulado. Cada campamento fue un terreno fértil para futuros pastores, misioneros, líderes de adoración, maestros y plantadores de iglesias. Cada conversación se tornó en una oportunidad para animar a alguien que todavía trataba de descubrir el propósito de Dios en su vida.
Cuando el obispo Rising aceptó la responsabilidad de dirigir el Ministerio Internacional de Jóvenes, trajo consigo esta misma filosofía a la plataforma global. En lugar de enfocarse principalmente en programas, puso énfasis en la gente. En lugar de preguntar cómo la iglesia atraería a los jóvenes, desafió continuamente a los líderes a los que discipularían. Durante el tiempo que estuvo en este cargo, la Iglesia de Dios de la Profecía se mantuvo creciendo excepcionalmente alrededor del mundo, y el Ministerio Internacional de Jóvenes reflejó la expansión de esta visión global. El obispo Rising dio lugar a un ministerio que cruzó las barreras culturales mientras permanecía arraigado en la verdad bíblica. Él fue el paladín del desarrollo de liderazgo que equipó a los líderes regionales para ministrar efectivamente dentro de sus respectivas culturas mientras permanecían unidos en doctrina, misión y propósito. Los líderes de jóvenes en África, Asia, Europa, el Caribe, Latinoamérica, Norteamérica y el Pacífico se sintieron cada vez más conectados por el llamado que tenían en común: avanzar el reino de Dios.
Su liderazgo fue un constante recordatorio a la iglesia de que el ministerio de jóvenes no es un departamento que opera al margen de la vida de la iglesia. Es una de sus inversiones más grade en generaciones por venir. Cada adolescente que descubre su llamado al ministerio, cada joven adulto que decide ser un fiel discípulo y cada líder emergente que es mentoreado con sabiduría forma parte de un legado que va más allá de una sola generación.
En todo el mundo hay pastores que sintieron por primera vez el llamado de Dios mientras participaban en el ministerio de jóvenes. Hay misioneros sirviendo a los grupos no alcanzados, evangelistas proclamando el evangelio, líderes de adoración que llevan a congregaciones delante de la presencia de Dios y miembros fieles de la iglesia que sirven sigilosamente en sus congregaciones locales porque alguien creyó en ellos antes de que ellos creyeran en sí mismos. Aunque cada historia tiene su propio rumbo, muchos han sido influenciados por el liderazgo, el ánimo y la visión que el obispo Rising demostró consistentemente.
A través de todos estos años de ministerio, el obispo Rising nunca ha servido solo. A su lado ha estado su esposa, Sarah, cuya fiel compañía ha fortalecido cada temporada de su jornada juntos. Al igual que muchos cónyuges cuya influencia suele ser expresada calladamente en lugar de en público, Sarah ha sido partícipe de las exigencias que requieren viajar, el ritmo del ministerio internacional, la hospitalidad extendida a líderes de otras partes del mundo y los momentos innumerables de ánimo que sostuvieron a aquellos sirviendo en el reino de Dios. Juntos han demostrado que el ministerio tiene mayor efectividad cuando fluye de un compromiso compartido con Cristo.
El apóstol Pablo le instruyó a Timoteo, “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” [2 Timoteo 2:2]. Ese patrón sencillo de discípulos fieles que hacen discípulos fieles ha estado siempre en el corazón del ministerio del obispo Rising. Él entiende que el liderazgo nunca es de crear seguidores del líder; sino que se trata de la preparación que se le da a otros para seguir a Cristo y equiparlos para liderar a los que vienen tras ellos.
Quizá esa sea la razón por la que su influencia permanece. Eventualmente los programas cambian. Los métodos para ministrar evolucionan. La nueva tecnología moldea las comunicaciones. Sin embargo, la obra de discipular a los creyentes jóvenes no cambia. A través de los cambios culturales y las generaciones cambiantes, el obispo Rising ha permanecido comprometido con esta misión duradera, [extendiendo un] llamado a los jóvenes a vivir vidas marcadas por la oración, la santidad, el discipulado bíblico, el evangelismo, el liderazgo de siervo y una pasión por la misión de Dios.
Al llegar a la culminación de esta temporada de liderazgo internacional, la Iglesia de Dios de la Profecía agradece este ministerio que consistentemente invirtió en lo que más importa. El obispo Kirk Rising deja tras sí algo más que sus años de fiel servicio: deja líderes que ahora sirven de mentores a otros, pastores que guían a sus congregaciones, misioneros que llevan el evangelio a otras naciones y un sinnúmero de hombres y mujeres jóvenes que han descubierto que Dios puede usar sus vidas porque hubo alguien que creyó que ya Él lo estaba haciendo.
Juntos, Kirk y Sarah Rising han sido ejemplo de lo que significa invertir fielmente en la próxima generación. Su ministerio nos recuerda que la iglesia no asegura su future con solo preservar su pasado. Lo hace al reconocer el llamado de Dios en los jóvenes, caminando juntos a ellos con paciencia y sabiduría, y dejándolos cumplir Su propósito en ellos.
La influencia del obispo Kirk Rising no podrá medirse por la distancia en kilómetros que viajó, las conferencias que dictó o sus años de servicio. Es medida por las vidas transformadas. Actualmente, se puede ver en cada líder que anima a otro, en cada discípulo que discipula a otros y en cada creyente joven que da pasos de fe porque hubo alguien en ser el primero que vio la mano de Dios sobre sus vidas.
Por este legado duradero, la Iglesia de Dios de la Profecía extiende su profundo agradecimiento al obispo Kirk Rising y a Sarah por su fiel servicio, su firme compromiso con la próxima generación y su devoción constante a Jesucristo.