Dra. Catherine Payne: Una vida devota al servicio

Tamaño del texto
Escuchar

Por más de cinco décadas, la Dra. Catherine Payne ha respondido fielmente al llamado de Dios de servir a Su pueblo. Ya sea que estuviera ministrando en una congregación, alentando a algún misionero, mentoreando a un líder joven o respondiendo a alguna crisis en el otro lado del mundo, su vida siempre ha sido marcada por un compromiso firme al evangelio y amor profundo por la Iglesia de Dios de la Profecía.

Nacida en Norfolk, Virginia, el 22 de junio de 1956, la jornada ministerial de Cathy comenzó a temprana edad. Desde joven se envolvió en los ministerios de niños y de jóvenes en Norview, Virginia, desarrollando una pasión para el servicio que daría forma a la trayectoria de su vida. Junto a su esposo John, ella aceptó el llamado de Dios al ministerio evangelístico, viajando por todo el estado de Virginia del 1977 al 1985. Esos años que pasó en la carretera le ayudó a cultivar un corazón por la gente y una dependencia en la fidelidad de Dios que permanecerían como centro de su ministerio por el resto de su vida.

En 1985, Cathy y John se mudaron a Bakersfield, California, donde servirían como copastores por ocho años de una congregación local de la Iglesia de Dios de la Profecía. Durante esta temporada, Cathy también sirvió como la directora estatal de los ministerios de niños y de jóvenes de California, invirtiendo en la vida de jóvenes mientras ayudaba a fortalecer las iglesias locales del estado. Obtuvo su título asociado con honores del Colegio Bakersfield, mientras equilibraba su tiempo con las exigencias que requieren el ministerio y la familia.

En 1993, Cathy aceptó un nombramiento que ejercería influencia sobre generaciones de mujeres alrededor del mundo. Ella se convirtió en la directora internacional del Ministerio de Damas de la Iglesia de Dios de la Profecía y se mudó a Cleveland, Tennessee, posición en la que sirvió con distinción por 19 años. Por medio de conferencias y retiros ella ayudó a muchas mujeres a descubrir sus dones y a profundizar su fe en Dios.

Un tiempo después, en 2012, ella comenzó un nuevo capítulo cuando sirvió como coordinadora del Ministerio de Misiones Mundiales, seguido de la expansión de un ministerio que ya era notorio. Con el pasar de los años sus responsabilidades la llevaron a más de 130 naciones, conectándola con líderes, pastores, misioneros y congregaciones en cada continente habitado. Su trabajo ha fortalecido colaboraciones, asistido en iniciativas de cuidado a huérfanos y ayudado a contar la historia de lo que Dios está haciendo a través de la iglesia global.

Sus logros académicos reflejan ese compromiso de excelencia que caracteriza su ministerio. En 2013 Cathy obtuvo su maestría en Divinidades con concentración en Estudios Bíblicos del Seminario Teológico Pentecostal, y un doctorado en Ministerio con especialidad en Pentecostalismo Global del Seminario Teológico Gordon-Conwell en 2018.

Cathy es una comunicadora poderosa y efectiva. Muchos todavía recuerdan su sermón durante la Asamblea Internacional de 2018 en Chattanooga — un mensaje que dejó huella en todos los oyentes. Otros recuerdan el servicio de sanidad que ella dirigió durante otra Asamblea Internacional, donde compartió su testimonio y luego dirigió a los adoradores en períodos de oración y sanidad. Por medio de eventos tales como el Encuentro Misionero y el Desayuno Misionero, ella se ha mantenido consistente en proporcionar oportunidades para la iglesia escuchar testimonios de los líderes de alrededor del mundo, creyendo que las historias sobre la fidelidad de Dios inspiran fe y visión para el futuro.

Quizá su mayor contribución no puede ser medida por títulos o kilómetros viajados. Alrededor del mundo, muchos líderes afectuosamente la llaman “mamá”. Ese título sencillo pudiera ser el reflejo más claro de su ministerio. Al igual que una madre, ella está disponible cuando la gente más la necesitan. Los pastores y líderes nacionales saben que pueden llamarla a cualquier hora porque ella responde. Ella se ríe con ellos durante sus tiempos de celebración, y llora con ellos en temporadas de pérdida. Cuando surge una crisis, inmediatamente comienza a hacer llamadas y buscar soluciones prácticas. Su preocupación nunca está limitada a un proyecto o programa; siempre está centrada en la gente.

Quienes trabajan a su lado han sido testigos del sinnúmero de actos de su sacrificio en silencio. Ella llega temprano y se va tarde. Lleva cargas que muy pocos pueden ver. Aboga por líderes que enfrentan circunstancias imposibles. Recuerda nombres, familias y peticiones de oración. Se regocija cuando las iglesias florecen y se duele con ellas cuando sufren. Su ministerio es de amor sincero y servicio incansable.

Cathy estuvo casada con su fiel esposo John por 47 años, hasta que él falleció en septiembre de 2023. Juntos construyeron un ministerio que tocó muchas vidas. Ella es la orgullosa madre de su hijo Christopher, y abuela de cinco nietos amados: Alexander, Caden, Jonathan y las gemelas idénticas Ashley y Aubrey.

En retrospectiva a más de 50 años de ministerio, hay un tema consistente entretejido en cada capítulo de la historia de Cathy Payne: su disposición a decir “sí” a Dios y también a la gente. Ya sea que estuviera sirviendo en una iglesia local, liderando un ministerio internacional, detrás de un púlpito o contestando llamadas telefónicas tarde en la noche de algún líder en necesidad, su vida fue dedicada al servicio de Cristo y a la Iglesia de Dios de la Profecía.

Al final del día, lo que muchos recordarán más de Cathy Payne no será lo que logró, sino cómo hizo sentir a la gente: valorizada, animada y amada. Su legado se despliega en un sinnúmero de vidas alrededor del mundo que tocó y en los líderes que ahora son más fuertes porque ella creyó en ellos, oró por ellos y caminó a su lado. Cathy Payne ha servido fielmente al Señor, y la Iglesia de Dios de la Profecía es mejor por ella hacer estas cosas.

 

TRIBUTO: LA Cathy Payne

Stephanie Roberts | Asistente administrativa del Ministerio de Misiones Mundiales

 

En 2016, uno de mis amigos me mencionó acerca de una posición de empleo disponible en Misiones Mundiales. En aquel momento no buscaba otra posición pues trabajaba en la Librería Cristiana Ala Blanca, amaba lo que hacía y me sentía contenta allí. Sin embargo, esa oportunidad se mantuvo entre mis pensamientos. Pasé semanas debatiendo si debía solicitar [el empleo].

La verdad es que casi estaba convencida de que no debía hacerlo. Parte de mí titubeo se debía a saber que en esa posición estaría trabajando con “LA Cathy Payne”.

Si usted creció dentro de la Iglesia de Dios de la Profecía, de seguro conoce el nombre de Cathy Payne. Ciertamente yo lo conocía. Mi iglesia local tenía un ministerio de damas vibrante, y cada año viajaban al lago Barkley para el retiro de damas. Ellas regresaban de allá renovadas, inspiradas y llenas de historias, risas y alegría. Siendo yo una jovencita, esos retiros sonaban como algo mágico, y el nombre de Cathy Payne era uno de esos que se escuchaban repetidas veces. Mucho antes de conocerla en persona yo sabía de su influencia y liderazgo.

Así que, cuando supe que la posición me pondría bajo su liderazgo, me sentí intimidada. Para mí Cathy Payne no era solo una líder en el ministerio, ella era una de las mujeres más respetadas en el movimiento de nuestra iglesia. Su influencia ha ido más allá de las iglesias donde ha servido.

Mientras la fecha límite para enviar mi solicitud se acercaba, ya yo estaba resuelta que no iba a solicitar. Sin embargo, algo inesperado sucedió.

Cathy Payne entró a mi oficina.

Ella me preguntó si yo consideraría solicitar para la posición.

Me quedé atónita. No podía creer que alguien que yo admiraba a la distancia por tantos años me buscaría personalmente. Mirando hacia atrás, entendí algo: No se le puede decir que no a Cathy Payne —no porque ella fuerce las cosas, sino porque tiene una manera extraordinaria de ver el potencial en la gente antes de que ellos mismos lo vean.

Y gracias a Dios, ella no tomó mi primer titubeo como respuesta final.

Mirando en retrospectiva, no puedo más que sonreír por lo intimidada que me sentía por “LA Cathy Payne”.

Durante los pasados diez años he tenido el privilegio de ver a la mujer detrás de la reputación. La he visto ministrar a personas de diferentes trasfondos en la vida, y he aprendido que nadie se va de su presencia sin sentirse visto, amado y animado. Su sonrisa radiante y abrazos afectuosos tienen una manera de hacer que todos se sientan aceptados. Ella tiene un don para compartir historias que captan la atención de cualquier persona y dirige su corazón de regreso a la fidelidad de Dios. Para Cathy, nadie es un extraño porque todos son parte de la familia. No es de sorprender que muchos de nuestros hermanos y hermanas internacionales la llamen cariñosamente “mamá” o “mamá Cathy”.

Aunque muchas personas han sido ministradas por Cathy, yo lo considero como uno de los mejores regalos que Dios me ha permitido experimentar personalmente.

Durante la pasada década, Cathy ha caminado a mi lado en medio de temporadas de transición, incertidumbre y crecimiento. Ella ha orado conmigo, me ha aconsejado y animado cuando más lo he necesitado. Repetidamente me ha recordado mi valor, no solo para este ministerio, pero para el reino de Dios. Su creencia en mí ha solido venir antes de yo creer completamente en mí.

Pude experimentar esto directamente durante mi primera Asamblea Internacional. Apenas llevaba tres meses trabajando en Misiones Mundiales, y una de mis responsabilidades más grandes era la planificación del Encuentro Misionero. La presión de organizar un evento tan grade en tan poco tiempo me hizo sentir abrumada. Yo sabía cuán importante esto era para los delegados, al igual que para nuestros hermanos y hermanas internacionales que habían viajado desde tan lejos para representar a sus naciones.

En la mañana del evento me di cuenta de que había fallado en asignarle un kiosco a dos de nuestros hermanos africanos, aunque todavía no habían recibido oficialmente nombramiento. Ellos llegaron preguntándome dónde estaba su kiosco, y yo sentí mi corazón desfallecer. Estaba devastada. Traté de mantenerme calmada, pero terminé escondida detrás de nuestro kiosco llorando.

No tardó mucho Cathy en encontrarme.

Gentilmente puso sus manos sobre mis hombres, me miró a los ojos y me dijo, “Todo está bien. Encontraremos una solución”.

Y eso fue exactamente lo que hicimos. Caminamos juntas por el área del evento, y encontramos un kiosco vacío que no sería usado. Cathy agarró un marcador Sharpie color negro, y volteó el letrero para escribir en su lado blanco los dos nombres de las naciones en letras grandes. En cuestión de minutos, lo que yo sentí como un fracaso imposible se convirtió en un problema resuelto.

[El recuerdo de] ese momento ha permanecido conmigo por diez años. Cathy no me hizo sentir avergonzada por mi error. Ella me ayudó a encontrar una solución, recordándome que los errores no nos definen y mostrándome el ejemplo de lo que es el buen liderazgo.

También he tenido el privilegio de ser testigo de su fe en medio de sus temporadas de profunda pérdida personal. Desde decir un adiós a su madre hasta perder el amor de su vida, he visto a Cathy llevar un duelo con honestidad y vulnerabilidad. Ella nunca fingió que el dolor no era real. Pero aún en su dolor más profundo, nunca dejó de proclamar la bondad y fidelidad de Dios. Verla vivir su fe en esos momentos han sido una de las lecciones más grandes que ella me ha enseñado.

La joven que una vez tuvo miedo de trabajar con “LA Cathy Payne” jamás hubiera imaginado que algún día la llamaría mentora, amiga y que la consideraría como familia. Siempre estaré agradecida que ella entró a mi oficina en aquel día y rehusó dejarme pasar por alto lo que Dios tenía planeado para mí.

 

TRIBUTO A CATHY PAYNE: La mujer detrás del nombre

Shelly Wilbanks | Asistente administrativa del Ministerio de Misiones Mundiales

 

Durante las Asambleas Internacionales de mi infancia, solía “trabajar” junto a mi papá entre bastidores. Por lo tanto, aunque había escuchado de Cathy Payne, en realidad no la conocía. No fue sino hasta que Cathy se mudó a Cleveland para dirigir el Ministerio Internacional de Damas que comencé a conocer a la mujer detrás del nombre.

Varios años más tarde, mientras trabajaba en la Librería Ala Blanca, se abrió una vacante en el Ministerio de Damas. Presenté mi solicitud, pero no obtuve el puesto. Unos años después, tras el traslado de Cathy a Misiones Mundiales, surgió otra vacante. Volví a postularme, y tampoco obtuve ese puesto.

Sin embargo, lo que sucedió después se me ha quedado grabado desde entonces. Cathy vino al centro comercial donde yo trabajaba para decirme cara a cara que había elegido a otra persona. Podría haberme llamado por teléfono o enviado un correo electrónico, pero, en lugar de eso, se tomó el tiempo para darme la noticia personalmente. Antes de irse, me dijo que estaría orando por mí. En ese momento, agradecí su amabilidad, pero no tenía idea de la importancia que tendrían esas palabras.

Poco tiempo después, dejé la Librería Ala Blanca y pasé once meses sin empleo. Esos meses fueron los más difíciles de mi vida. Me sentía inútil y traicionada, y cuestionaba mis habilidades, mi valor e incluso mi futuro. Cuando finalmente encontré empleo, no era un trabajo que disfrutara hacer. Era simplemente una fuente de ingreso para pagar las cuentas mientras buscaba otro empleo.

Entonces me enteré de que Cathy necesitaba cubrir otro puesto. Recuerdo que me pregunté: “¿Por qué estoy considerando esto? Ya me ha dicho que no dos veces”. Pero algo seguía impulsándome a postularme, así que lo hice. Y esta vez, conseguí el trabajo.

Cuando me incorporé al equipo de Misiones Mundiales, no estaba dando lo mejor de mí en el trabajo. Estaba abatida, herida, desanimada y cargaba con el peso de meses de rechazo y dudas sobre mí misma. Más que un trabajo, necesitaba sanación.

Durante los siguientes dos años, Cathy me brindó constantemente palabras de aliento. Me recordó mi valor —no solo para ella, no solo para el equipo de Misiones Mundiales y no solo para la Iglesia de Dios de la Profecía, sino como persona—. A través de palabras de aliento, una fe genuina en mí y la disposición a invertir en mi vida, Dios la utilizó para sanar a la persona quebrantada en la que me había convertido. Ella vio mi valor mucho antes de que yo pudiera verlo en mí misma.

Doce años después, ella sigue aportando mucho a mi vida. En realidad, nunca dejó de hacerlo; el aliento simplemente se volvió menos frecuente porque, tal vez, ella podía ver que había sanación. Ahora llega con menos frecuencia, pero siempre en el momento justo. Es como si de alguna manera supiera cuándo mi confianza está flaqueando o cuándo necesito que me recuerden que soy capaz y valiosa. Esos momentos rara vez se sienten como si provinieran de una supervisora. Provienen de una amiga.

Por eso, cuando pienso en la influencia de Cathy Payne en mi vida, pienso en alguien que invirtió en una persona, no solo en una empleada. Pienso en alguien que infundió vida en un corazón que necesitaba desesperadamente escucharla. Pienso en alguien que ayudó a recuperar la confianza que se había perdido y que continúa, incluso hoy, brindándome aliento en el momento perfecto y un cariño genuino. Por eso, y por la amiga en la que se ha convertido, siempre le estaré agradecida.

Autor

Compartir esta publicación: