75 AÑOS DEL MINISTERIO DE CAMPAMENTOS
Setenta y cinco años atrás hubo una mujer que escuchó las palabras susurradas por Dios y se atrevió a creer que los jóvenes merecen un lugar separado para tener encuentros con Él. Lo que comenzó en 1951 como un simple acto de obediencia en las montañas de Wyoming, se convirtió en uno de los ministerios de mayor influencia en la historia de la Iglesia de Dios de la Profecía. Actualmente, miles de hombres y mujeres que sirven como pastores, misioneros, líderes de adoración y miembros fieles de la iglesia pueden trazar su jornada espiritual hasta ese momento en que estuvieron en el altar de un campamento de jóvenes, vigilia de oración, tiempo devocional en una cabaña o cuando sus vidas cambiaron al escuchar a Dios en un campamento.
El enfoque del ministerio de campamentos nunca ha sido la recreación. Desde sus inicios, el campamento proveyó algo raro en un mundo lleno de distracciones: un tiempo ininterrumpido en la presencia de Dios. Allí los jóvenes salen de las presiones del diario vivir para descubrir quiénes son en Cristo. [También] forman nuevas amistades que duran por toda la vida. Responden al llamado al ministerio. Muchos corazones son sanados y vidas cambiadas.
Han ocurrido muchos cambios desde que Elva Howard reunió a los primeros campistas en Story, Wyoming. Hoy las cabañas, los horarios y las actividades lucen diferentes, pero el corazón de todo sigue igual. Hoy en día los campamentos se distinguen por la adoración creativa, el desarrollo de liderazgo, la capacitación en el discipulado, los deportes, la música y las experiencias ministeriales, todos diseñados para conectarse a las nuevas generaciones. Sin embargo, en cada sitio de los campamentos, centro de retiro y reunión de jóvenes, algo se mantiene constante: los jóvenes siguen teniendo encuentros con Jesús.
La Iglesia de Dios de la Profecía celebra 75 años del ministerio de campamentos, y al hacerlo honramos a los pioneros que oraron e invirtieron de sus recursos y labores por este ministerio. Además, celebramos la gran cantidad de testimonios que siguieron. Durante 75 años, los campamentos han sido un lugar donde niños y adolescentes han recibido la salvación, han sido bautizados con el Espíritu Santo, han descubierto sus llamados y aprendido que Dios no es solamente el Dios de sus padres, sino el Dios de ellos también.
Hace varios años atrás, Elva Howard escribió un libro sencillo titulado Gotas de rocío, en el que compartía algunas de sus experiencias ministeriales. Una de sus historias principales fue el nacimiento del ministerio de campamentos. El libro contiene mucho más que la narración de la historia. Es el testimonio de lo que sucede cuando el pueblo de Dios escucha y obedece a la voz del Señor, dando ejemplo de que también los corazones jóvenes pueden escuchar Su voz.
A continuación, puede leer el capítulo titulado “Un sueño se desarrolla: Campamento juvenil”, tomado de Gotas de rocío:
“Aún me sorprendo de cómo trabaja Dios, pero he aprendido a través de Su Palabra que cuando Él se propone algo, nada ni nadie puede detenerlo, obstaculizarlo. También aprendí que Él busca a alguien que le obedezca y crea en Él aun cuando las circunstancias no sean favorables. Ningún esfuerzo duradero comienza con ‘simplemente surgió por casualidad’.
“Eso aconteció con el campamento juvenil —este sueño había estado en mi corazón y en lo más recóndito de mi mente por muchos años. Vivía en un área que estaba escasamente poblada, a nivel iglesia. Fue una era en la que pocos jóvenes aceptaban el reto de la vida cristiana. Eso significaba que había pocos o ningún joven de mi edad en las iglesias donde mi padre pastoreaba. En lugar de que esto me desanimara y me condujera al mundo para unirme a otros, me llevó hacia una búsqueda insaciable por Dios para atender un anhelo común en todos los jóvenes.
“Durante estos años, descubrí un ministerio para los jóvenes y me involucré en la enseñanza a niños pobres los sábados por la tarde. Convoqué a los padres de estos niños menos favorecidos para ver si estarían dispuestos para que sus hijos vinieran y escucharan las historias de la Biblia.
“Ahora siendo demasiado vieja para enseñarle a muñecas en el molino de viento, aquí estaba con niños de verdad, retorciéndose y meneándose, para ser enseñados acerca de Dios. Más tarde esta función fue conocida como “Los espigadores”, pero en ese tiempo, no se tenía un título en particular.
“Empecé a pensar en la adoración de los jóvenes en un “entorno natural” durante una excursión familiar cuando era joven. Acampamos en las montañas cerca de un arroyo centelleante y cristalino. El olor del bosque, el susurro de la brisa a través de los árboles, el crepitar de la maleza cuando el ciervo se coló por el campamento, junto con el canto de las aves, me inspiró un sentido espiritual de ser. Sentí a Dios en Su creación. Aunque sólo tenía 13 años en ese entonces, meditaba en Él mientras el agua clara fluía y se agitaba a mi alrededor. Pensé, ‘cuán bueno sería tener un grupo, de mi edad, adorando de manera similar en sus alrededores’. Sin embargo, no le dije a nadie; lo guardé como un secreto.
“Pasado un año, y de nuevo llegó la temporada de verano. La temperatura en nuestra pequeña ciudad era de más de 100 grados. La celebración del 4 de julio estaba cerca. Una gran feria llegaba a la ciudad. El pastor, mi papá, comenzó a pensar en los jóvenes de su congregación. Él no quería que fueran a la feria, esa era una actividad de “no, no” en esos años, ni que sintieran que no habían tenido una actividad por el 4 de julio. Él y mi mamá trabajaron fervientemente para preparar un viaje de campamento. Todos se amontonaron en la cajuela de la camioneta, y. partimos hacia las montañas. Mamá cocinó para todos estos jóvenes enérgicos con la ayuda de un varón del ministerio de caballeros. Otro adulto dirigió algunas actividades divertidas mientras papá se enfocó en la adoración de la fogata y las meditaciones de las mañanas. Este fue un momento memorable para todos.
“Así que una vez más, me encontré junto al arroyo de la montaña, pensando en la grandeza y en conocer al Dios de la naturaleza. Hicimos caminatas largas por la montaña (montañas Owl Creek), y allí también seguí pensando en las formas en que Dios puede manifestarse a aquellos que le adoran fuera de la iglesia. Se estaba formando un sueño porque las semillas habían sido sembradas en tierra fértil. Llevaría años, pero, finalmente, esa semilla brotaría.
“Unos 19 años después, en octubre de 1945, fui nombrada secretaria estatal de la Banda de Líderes Victoriosos en Wyoming, una posición en la que trabajé hasta septiembre de 1957. Fue mientras servía en este cargo que sentí la necesidad de ayuda espiritual y fraternidad para nuestros jóvenes. Quería verlos capacitados para trabajar en la iglesia y que tuvieran oportunidades de fraternizar entre ellos.
“El sueño, mi secreto guardado a salvo, cobró forma en mi mente ya adulta, y más entrenada. Comenzó a inmiscuirse en mis actividades. Lo pensé cuando estaba sola; lo soñé en la noche, y, finalmente, revelé lo que se había convertido en mi sueño secreto. Mi esposo me apoyó inmediatamente. Mi primo, Jack C. Decker, un pastor, fervientemente compartió mi entusiasmo, y los planes comenzaron a elaborarse para el primer campamento juvenil en la organización de nuestra iglesia.
“Para financiar esta aventura, pedimos apoyo a las tiendas mayoristas y compañías de carne, así como a los molinos de harina y las fábricas de azúcar. No todas respondieron, pero obtuvimos lo suficiente para continuar. Algunos, que eran cazadores apasionados, donaron carne de animales silvestres de sus congeladores. Aceptamos todas sus donaciones. Molimos la carne para hacer hamburguesas o chili con carne. El Departamento Estatal de Caza y Pesca, se deshicieron de los peces de un lago cercano a nosotros porque devoraban a las truchas. Como todos supieron que nos preparábamos para un campamento juvenil, con poco dinero, ellos rápidamente nos dijeron de esto, lo cual consideramos una bendición.
“Una de nuestras miembros y su esposo me llevaron al lago. ¡Qué vista! Estos enormes peces habían quedado atrapados en un área más pequeña del lago, y allí recogimos los peces por tinas llenas. Estaba tan sorprendida de lo que el Señor había provisto que corrí hacia el agua, y dando alabanzas a Dios al mismo tiempo. Para mí, era Dios supliendo nuestras necesidades.
“Poco me di cuenta de lo que iba a ser limpiar, filetear y empaquetarlos para congelar. ¿Apestoso? ¡Sí! Pero ¿no son así todas las historias de peces?
“Días antes del tiempo establecido para el campamento, mi cocina era un alboroto. Las damas vinieron y me ayudaron a hacer galletas, pasteles, tartas y otras cosas, las cuales congelamos. Todo esto parecía ser la forma más económica de alimentar a los camperos. Una vieja máquina de mimeógrafo inestable fue instalada, y se imprimieron todos los materiales para el campamento, incluyendo las lecciones. Algunas veces, nos preguntábamos qué tenía más tinta —el depósito de la máquina, el papel o nosotros. Sea como sea, era un gran trabajo …no fue de sol a sol, fue del sol hasta pasada la medianoche. Pero ¿a quién le importaba? Íbamos paso a paso hasta el cumplimiento del sueño, que había sido enterrado en el alma de una persona quien creyó que Dios haría todo lo que Él había prometido.
“José soñó, y sus sueños le ayudaron a perseverar. ¿Es agotador? Por supuesto, nos cansamos y algunas cosas salieron mal, pero siempre, podía visualizar a los jóvenes en comunión y adorando a Dios en alguna parte al aire libre.
“El 5 de agosto de 1951, las puertas del campamento presbiteriano en Story, Wyoming, un pequeño resort en las montañas BigHorn , se abrieron de par en par para el primer campamento juvenil. Ellos no sabían de qué se trataba, pero allí estaban. Antes de que terminara la semana, al igual que en todos los campamentos posteriores, las bendiciones se habían derramado.
“Se podrían decir muchas cosas de este sitio para acampar. Los dormitorios eran cabañas rústicas de montaña, poco más que un albergue. Uno podía acostarse en la litera y quedarse adormecido por el rugir del arroyo caudaloso cerca de la montaña. El arroyo era un lugar de bendición … pues era el lavabo. ¿Puedes imaginarte separarte de tus comodidades modernas—, cómo sería ver a un grupo de camperos lavando sus rostros y cepillando sus dientes por la mañana a lo largo de este arroyo? No digas “qué asqueroso” tan rápido porque en la tarde, cuando la temperatura estaba en su pico más alto, era un buen lugar para una guerra de agua.
“¿Y las duchas? Había una casa solitaria para la ducha. Esta era un lujo, desde que los propietarios habían instalado la primera durante el principio de la temporada. Ahora todo lo que teníamos que hacer era designar los horarios de ducha para las cabañas de los chicos y para las cabañas de las chicas. Todo iba bien hasta que el agua caliente se enfrió. ¿Qué? Al menos teníamos una casa de baño. Al año siguiente, tendríamos tuberías interiores, pero por este año, fue el famoso viejo cobertizo.
“¡Qué espectáculo ver de noche linternas en el camino! Con seguridad, no estaban solas; había alguien en el camino además de las ardillas de montaña, topos, venados, y demás.
“Sin embargo, ¿a quién le importaba las casas solitarias de baño, los cobertizos, y demás cuando era tan divertido estar juntos? Durante esas primeras tres noches, las risitas resonaban en el aire, mezclándose con el canto del arroyo. Fue ameno estar ahí.
“El arroyo de risas tenía muchos propósitos, porque fue aquí un sábado por la tarde cuando una calma se apoderó profundamente, y muchos, quienes durante la semana habían recibido al Señor Jesucristo en sus vidas, siguieron al ministro oficiante en un servicio bautismal significativo.
“Desde el principio, los supervisores del estado de Wyoming, G.C. Decker, y Dakota del Sur, F.E. Van De Venter, nos apoyaron mucho. Voluntariamente hicieron todo lo que era necesario: hacer diligencias para necesidades especiales, vender refrigerios, cortar leña para cocinar, y se ofrecieron para cualquier otra cosa que se necesitara para que esta actividad valiera la pena para los jóvenes de sus estados. Montana, Dakota del Norte y Minnesota participaron los siguientes años.
“Para estos jóvenes provenientes de pequeñas iglesias, quienes pocas ocasiones para confraternizar con otros de su edad, esto fue un oasis en su año —un tiempo de refrigerio, un tiempo para hacer amigos, y un tiempo para aprender las verdades de la Palabra de Dios.
“El campamento era una realidad ahora —¡mi sueño se hizo realidad! Jamás pensé que surgiría algo así para jóvenes a través de la iglesia. Mi sueño era suplir una necesidad para este grupo. Le di la gloria a Dios porque Él escuchó mi oración y cubrió una necesidad, y esto fue solo el comienzo”.