Cuando llegué al altar el día de mi boda, dije esta sencilla oración: “Señor, gracias por mi tesoro”. No tenía idea de lo profética que sería esa oración. Cuarenta y cinco años, cinco meses y un día después, tras caminar junto a mi esposa tiempos de alegría y tristeza, familia y ministerio, sacrificio y risas, las temporadas cambiantes de la vida y, finalmente, el cáncer, me paré delante de mis nietos y les dije: “Este ataúd es en realidad un cofre del tesoro. Dentro está nuestro tesoro”.
Ese es mi testimonio. Y el testimonio tiene valor.
De todos los adjetivos que podrían describir nuestro matrimonio, el nuestro fue sin duda una unión feliz. De hecho, fue tan feliz que volvería a hacerlo de nuevo. Por ello me parece desconcertante, incluso preocupante, imaginar un matrimonio infeliz. Sin embargo, con demasiada frecuencia me encuentro con parejas casadas, incluso dentro de nuestra propia comunidad, que después de tanto tiempo juntas aún no están seguras si quieren seguir casados. Qué triste.
La buena nueva es esta: La unión matrimonial puede y debería ser “un gozo indescriptible y llena de gloria”. [A continuación], tengo placer de compartir algunos “secretos” que aportaron felicidad a nuestro matrimonio. Quizá le resulten útiles a usted también.
En primer lugar, ambos tuvimos la oportunidad de presenciar matrimonios felices en nuestros hogares de infancia. Mis progenitores habían estado casados durante casi 63 años al fallecer mi padre, y los de Kelly, más de 50 antes del deceso de su padre. Sin embargo, no fue solo la duración de sus matrimonios lo que captó nuestro interés, sino la atmósfera de gozo y el aire de satisfacción que impregnaba sus hogares.
Para quienes tenemos hijos y nietos, deberíamos plantear algunas preguntas relevantes: ¿Pueden ellos percibir fácilmente el testimonio de un matrimonio feliz en nosotros? ¿Les estamos dejando un ejemplo piadoso que puedan emular, uno que quizá incluso puedan exceder?
Segundo, poco después de casarnos, mientras Kelly y yo salíamos de la iglesia un domingo por la mañana un ministro de edad me detuvo y me dijo estas palabras: “Hijo, no dejes de cortejarla. Lo que hiciste para enamorarla será lo que tendrás que hacer para mantenerla a tu lado”.
La palabra cortejo puede sonar obsoleta para algunos de nuestros lectores más jóvenes, pero el principio sigue siendo el mismo. Cortejar implica una búsqueda intencionada: amabilidad, atención, escuchar, risas, conversaciones significativas, sueños compartidos y gestos amables. Esa etapa fue de gran alegría para nosotros. El consejo que me dieron ese día fue sencillo pero profundo: Nunca dejes de hacer lo que te trajo felicidad al principio. Lo que te haya costado cultivar esa felicidad es lo que necesitas para mantenerla.
Tercero, permítanme recordarles brevemente el nacimiento de Jesús. Los magos vieron la estrella y la siguieron hasta que se posó sobre el lugar donde estaba el niño Jesús. Las Escrituras dicen: “Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo”. No pierdan la conexión: el gozo siguió con ellos aun cuando llegaron al lugar donde estaba Jesús.
Creo que este es el secreto fundamental para un matrimonio feliz: lleva tu matrimonio al lugar donde se encuentra Jesús y mantenlo allí. “En tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmo 16:11).
Finalmente, el último secreto es como la gran final de un espectáculo de fuegos artificiales: muchas cosas hermosas a la vez. Sean amables el uno con el otro. Extiendan la gracia con liberalidad. Nunca humillen, menosprecien o avergüencen a su cónyuge en público; tales acciones jamás fomentarán la felicidad. Sean considerados. Expresen a menudo honor y respeto. Continúen compartiendo momentos íntimos, no solo físicamente, sino a través de gestos sencillos como tomarse de las manos, caminatas juntos, conversaciones largas y pasar tiempo sin apuros el uno con el otro.
Los secretos de un matrimonio feliz no son realmente secretos. Por ello les desafío a dejar que el matrimonio feliz sea su testimonio.
En las Escrituras, el testimonio no es simplemente una narración personal, sino también algo sagrado. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte (Apocalipsis 12:11). En estos tiempos en los que el matrimonio es visto a menudo como un simple acuerdo por conveniencia o compromiso contractual, la iglesia debe volver a enseñar y testificar sobre la hermosura, la fuerza y la dicha que Dios quiso que fuera esta institución sagrada.