IDEAS CREATIVAS PARA RECAUDAR FONDOS PARA LAS MISIONES: HACER DE LA GENEROSIDAD UN ESTILO DE VIDA
Algunas de las oportunidades misioneras más grandes comienzan con una idea sencilla.
A lo largo de los años, he tenido el privilegio de liderar y formar parte de un sinfín de proyectos de misiones. Algunos proyectos han levantado miles de dólares, mientras que otros quizás han parecido insignificantes en papel, pero sin duda, le cambiaron la vida por completo a una persona. Algunos suplieron necesidades específicas, otros
beneficiaron a personas de nuestras propias comunidades, y varios comenzaron con ideas que, al principio, sonaban un poco extrañas. Pero ahí está la clave. No tenemos que hacer misiones de la misma manera de siempre. No importa si somos parte de una congregación de 30 o de 3,000 personas, o somos un grupo pequeño, el ministerio de damas, de jóvenes, de la escuela dominical o del departamento de misiones; la creatividad siempre abre puertas para recaudar fondos y bendecir a otros. Todo esto me ha dado una gran enseñanza: no hace falta una mega iglesia, un presupuesto enorme ni una estrategia perfecta para marcar la diferencia. Lo único que se necesita
es la disposición de dar el primer paso. Pablo nos recuerda en 2 Corintios 9:7 que “Dios ama al dador alegre”. Ser generosos no es cuestión de cuánto dinero damos; se trata de moldear un corazón que siempre busca la manera de ayudar. A veces, basta con solo darnos cuenta de lo que Dios ha depositado en nuestras manos y abrir nuestra mente para ser creativos con ello.
ABRE LOS OJOS. TU IGLESIA TIENE UN POTENCIAL ILIMITADO.
El peor error es pensar que recaudar fondos para las misiones requiere de los métodos convencionales de siempre. De ninguna manera. En las bancas de su iglesia hay personas con destrezas para la cocina, repostería, pintura,
costura, construcción, artesanía y la organización. Hay otros que son diestros en la enseñanza, fotografía, jardinería, decoración, creación y comunicación. Es hora de activar esos dones. Puede organizar una subasta de postres, vender artículos hechos a mano, preparar un bazar o venta de garaje misionera, planificar una noche de talentos donde las entradas o donaciones apoyen el proyecto, subastar una colcha artesanal, ofrecer un día de servicio comunitario y animar a las personas a dar una ofrenda para la causa, organizar una cena especial para un grupo
pequeño, pedir a los negocios locales que se unan a su causa. Las posibilidades están limitadas mucho más por nuestra imaginación que por el tamaño de nuestra iglesia.
Anímese a incluir a personas de todas las edades. La creatividad no es propiedad de un solo grupo. Los abuelos tienen muchas habilidades. Los jóvenes tienen ideas nuevas. Los niños contagian su entusiasmo. Los adolescentes desbordan energía, y los jubilados aportan toda una vida de experiencia. Una las fuerzas de todos.
BOLSITAS DE BENDICIÓN PARA PERSONAS SIN HOGAR
Durante un campamento lleno de campistas preparamos bolsitas de ayuda para las personas sin hogar. Las llenamos con cosas súper prácticas y necesarias para el día a día: cepillos y pasta de dientes, gel antibacterial, curitas, productos de higiene femenina, galletas y calcetines. También incluimos una nota con palabras de ánimo escrita a mano. Sin duda, los productos fueron de bendición, pero ese detalle tan personal fue lo que realmente
tocó sus corazones. He conversado con personas que han recibido bolsitas de ayuda en los momentos más difíciles de su vida, y sus historias nos muestran que nunca sabremos a cabalidad la diferencia que podemos hacer por medio de un pequeño gesto de bondad. Mateo 25:40 nos enseña que cuando servimos a los demás, en realidad estamos sirviendo a Cristo. Un proyecto misionero no tiene que ser complicado para marcar la diferencia. Y aunque
la idea original de estas bolsitas era simplemente suplir una necesidad y no recaudar dinero, la actividad se presta muchísimo para adaptarla y levantar fondos. Por ejemplo, se puede animar a la gente a “patrocinar” una bolsa, motivar a los diferentes grupos de la iglesia para ver quién llena más, o pedirles a los comercios de la comunidad
que donen productos mientras que la congregación recauda fondos para comprar lo que haga falta.
SUBASTA DE ARTE POR LAS MISIONES
En un campamento de adolescentes, organizamos un concurso de arte misionero entre los niños y las niñas. Cada grupo creó sus propias obras y, al final, subastamos las piezas terminadas para recaudar fondos para comprar libros en francés para un orfanato en Haití. Fue una actividad divertida, llena de creatividad y con esa chispa de competencia sana. ¡Y lo mejor es que se recaudaron fondos para las misiones. No limite una subasta de arte a jovencitos únicamente. Invite a los adultos, familias, grupos pequeños, a los que pintan por pasatiempo, a los
artistas e incluso a los comercios locales a unirse al proyecto. Hay un sinfín de ideas tales como: pintar un cuadro, crear una manualidad, regalar una pintura, fabricar algo de madera o diseñar un centro de mesa inspirado en las misiones. Al final, haga una subaste de todo. Es una forma hermosa de transformar el talento en bendición para el reino.
PATROCINAR AL PERSONAL DE LA ESCUELA
Nuestra iglesia tiene una escuela justo al lado, y ahí vimos la oportunidad perfecta para bendecir a quienes trabajan en ella. Nos unimos para recolectar materiales prácticos para los maestros y el personal, tales como: marcadores, tijeras, notas adhesivas, pañuelos de papel, golosinas, marcadores para pizarrón y otros básicos del día a día. La respuesta de ellos nos recordó que lo que nos parece un detalle pequeño puede significar muchísimo para otros. Esta idea también se puede transformar en un proyecto misionero para todo el año. Se puede “adoptar” un salón de clases, patrocinar a un maestro o armar una colecta de útiles escolares. También se les puede llevar almuerzos al personal durante la semana del maestro o animar a la congregación a “llenar el armario de materiales”. Si la meta es recaudar fondos, puede animar a la gente a patrocinar una necesidad específica o dar una ofrenda para el proyecto del mes.
Gálatas 6:10 dice, “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos…” A veces, el campo misionero literalmente está justo al lado.
APOYAR A UN CENTRO DE AYUDA PARA EMBARAZADAS
Otra oportunidad muy práctica que [podemos aprovechar] es trabajar junto con un centro local de ayuda para mujeres embarazadas. Se puede recolectar pañales, toallitas húmedas, ropita, fórmula y asientos para bebé, y otros artículos esenciales. Una de las directoras con las que trabajamos nos dijo que algo tan sencillo como fruta fresca para ofrecerles a las madres jóvenes durante sus citas marcaba la diferencia. Eso se me quedó muy grabado. A veces nos enfocamos tanto en alcanzar una meta de dinero en específico que se nos pasa de lado la oportunidad de cubrir una necesidad. Pregúntele a la organización: “¿Qué necesitan?”, y esté atento. Tal vez sea dinero, pañales, comida o personas voluntarias. La generosidad no siempre se mide por el tamaño de un cheque.
DIEZ CENTAVOS PARA LAS MISIONES
Uno de mis retos favoritos de recaudación de fondos comenzó con algo a lo que muchos de nosotros, apenas le prestamos atención: una moneda de diez centavos. Durante una clase de misiones en el campamento, repartimos botellas de agua vacías de 16 onzas y retamos a los participantes a llevárselas a casa, llenarlas con monedas de diez centavos y devolverlas a sus iglesias locales para apoyar un proyecto misionero específico. Una botella llena puede juntar entre 75 y 80 dólares en monedas de diez centavos. Una sola botella no parece gran cosa, pero cuando toda la iglesia se une, esas pequeñas botellas se convierten en miles de dólares. Ese es el poder de la generosidad
colectiva. Nunca debemos menospreciar el impacto de las ofrendas pequeñas cuando se multiplican entre muchos.
PROVEA A LA GENTE UN MOTIVO PARA SOÑAR EN GRANDE
Segunda de Corintios 9:7 nos enseña que Dios ama al dador alegre. Dar no es solo un tema de finanzas; es moldear un corazón generoso. Esa es la razón por la cual creo que debemos retar a nuestras iglesias a moverse más allá de su zona de comodidad. [Hermanos], traten algo diferente, hagan preguntas, descubran cuáles son las necesidades y escuchen a la gente. Debemos darle la oportunidad a las personas para que pongan a trabajar sus talentos. Y [muy importante], jamás descarten una idea pensando que no va a funcionar solo porque nadie la ha intentado antes. Las Escrituras hablan de la viuda que no tenía mucho, pero dio todo lo que tenía. Un niño entregó su almuerzo para que Jesús alimentara a una multitud. Dios siempre hace milagros extraordinarios con las cosas comunes que ponemos en Sus manos. Así que no pregunte: “¿Tenemos presupuesto?”, sino, “¿Qué podemos hacer?” Luego oren, planifiquen, pónganse a trabajar y esperen para ver lo que Dios va a hacer.
Las misiones no son solo un evento más en el calendario de la iglesia; son un estilo de vida. Se trata de servir al que vive al cruzar la calle y de dar para los que viven en otros lugares del mundo. Debemos enseñarles a las congregaciones a ver las necesidades, a responder, y a convertirse en dadores. El alcance misionero debe ser algo
personal, práctico y emocionante. Vivamos vidas generosas, demos, y soñemos con generosidad. Y en todo lo que hagan, no tengan miedo de usar la creatividad. ¡Tengan el valor de SOÑAR EN GRANDE! Algunas de las oportunidades misioneras más grandes realmente comienzan con una sola idea sencilla.