Mi nombre es Anathi Siphosethu Qokonyeka, soy hijo de Dios, nacido de nuevo y miembro de la Iglesia de Dios de la Profecía en Sudáfrica Oriental, bajo el liderazgo del obispo P.E. Namntu. Nací en un pequeño pueblo llamado Dutywa. Crecí bajo el cuidado y amor de mis abuelos, pues mi madre me tuvo cuando apenas tenía 15 años. Ella
era una mujer joven, ingenua y tal vez llena de temor y vergüenza al darse cuenta de que estaba embarazada. Mi padre era un joven de 19 años que se había criado en un hogar de acogida informal y que, al darse cuenta del embarazo huyó. Él tampoco sabía quién era su propio padre. De hecho, a los 15 años descubrió por los rumores del pueblo que las personas que lo criaban no eran sus padres biológicos. Eso lo destrozó por completo, y lo llevó a consumir marihuana y a refugiarse en una vida promiscua.
Aunque mi familia materna era estable, en mi interior yo era prisionero de mi propio tormento. Vivía inundado por dudas que no tenían respuesta. Crecí sin conocer la identidad de mi padre, una pregunta que ni siquiera podía formular, pues la cultura prohibía esa libertad. Luego, mi madre murió a la temprana edad de 29 años. Me sentía
desconsolado y atribulado, como si mi corazón fuese perforado por mil agujas. Sin esperanza alguna, me inundaron la ira y el resentimiento. Y aunque era un estudiante brillante, me vi atrapado en hábitos negativos para evadir la realidad y llegué a consumir benceno y gasolina.
Las noticias que me llegaban sobre mi padre me atormentaban también. Era un hombre tan desdichado que terminó en la prisión, viviendo en la miseria total. Cuando escuchaba hablar de él, me sentía atormentado por el tipo de persona en la que yo mismo me podría convertir. Los errores de mis padres biológicos pesaban sobre mis hombros como una carga de mil años. Estaba amargado, perdido, lleno de ira y tenía una perspectiva muy negativa de mí mismo. Mi alma luchaba por encontrar descanso y un lugar al cual pertenecer. Me sentía completamente perdido, aun en una casa llena de abuelos, tíos y primos.
A la edad de trece años, tuve un encuentro con Jesús en una campaña local. El avivamiento se llevó a cabo en una choza sin programación sofisticada, pero la gente testificaba de Jesús. [Ese día] decidí seguir este camino sin comprender del todo lo que implicaba. Pero mientras más me acercaba a este Jesús, más real se hizo en mí que la vida misma. Él le dijo a mi atribulado y resentido corazón, “Paz, quédate quieto”.
Así fue como Jesús recogió los pedazos de mi vida en un momento en que me sentía tan desarmado como un rompecabezas. Recogió cada pedazo, me reconstruyó y me mostró Su inmenso amor cuando no me sentía amado. Conforme transcurrían los días, sentía que Él me revelaba la identidad que siempre había deseado tener.
El tema de la paternidad era algo que me estremecía debido a la forma en que nací y a la historia de mi propio padre. Pero Jesucristo me hizo entender que puedo ser un MEJOR padre. No puedo elegir quién es mi padre, pero sí puedo ser el padre que yo quiero ser. Para mí, encontrar la magnitud de Dios significó, literalmente, alcanzar la madurez masculina.
A partir de entonces, mi deseo era conocer más a este Jesús que cautivó mi corazón, liberó mi alma y me dio identidad y propósito. Por primera vez en la vida, me sentí importante en este mundo porque Jesucristo me llamó a Su reino. Mis pecados fueron perdonados y pasé a formar parte de algo mucho más grande que mi propia existencia. Aunque sea el hijo de una madre adolescente, PARA JESÚS NO SOY UN ERROR. Porque Jesús entró en mi vida, perdoné a mi padre biológico y proveo para sus necesidades básicas.
¡Soy un testimonio! En la actualidad, soy ministro a tiempo completo en la Iglesia de Dios de la Profecía, laborando como pastor de una iglesia local y también como director nacional de jóvenes. Estoy casado, con la ilusión de ser un buen esposo para mi esposa y un buen padre para los hijos que Dios nos conceda. Cuando miro hacia atrás y
hago un repaso de mi vida y de todo lo que viví, ya no veo solo traumas y cicatrices; veo campos de batalla donde mi Jesús demostró que el diablo no tenía derecho sobre mí, aunque él creía que tenía una oportunidad. A veces, las cosas a las que sobrevivimos son indicadores de por qué algunos tenían que ser salvados y otros tenían que ser
elegidos para algo mucho más grande que sus propias vidas.
Hoy soy parte de la gran familia de Dios; pertenezco a Jesús y mi vida es para Él. Este es mi testimonio, y seguiré TESTIFICANDO hasta el día en que parta a la gloria.
Testimonio de la juventud de la IDP en Sudáfrica Oriental
En una nación angustiada, Dios está levantando a jóvenes que no están fatigados.
Sudáfrica es una nación hermosa pero sufrida. Todos conocemos la realidad muy bien: luchamos con corrupción en las altas esferas del poder, delincuencia por todos lados, desempleo que frena el porvenir de los profesionales egresados, una degradación moral que se disfraza de libertad y el doloroso flagelo de la violencia de género.
Las diferencias étnicas nos han fragmentado políticamente en muchas ocasiones. Sin embargo, a pesar de todo esto, algo está ocurriendo en la Iglesia de Dios de la Profecía en Sudáfrica Oriental. La juventud está viviendo un avivamiento genuino.
La juventud de la IDP en Sudáfrica Oriental es dinámica, alegre y arraigada en su fe. Están arraigados a la doctrina bíblica y a los valores centrales de nuestro movimiento: la oración, la cosecha, el servicio, el desarrollo de liderazgo y la mayordomía. Esto es visible en la calidad y en la intención de todo lo que hacemos. No solo hacemos programas; estamos luchando por una generación. Somos una generación llamada a completar la tarea. Creemos que los pentecostales nos heredaron el fuego, los reformadores nos entregaron la Palabra, los evangélicos nos marcaron la misión y los movimientos de justicia social nos brindaron la misericordia. No estaban errados, simplemente estaban incompletos. Nosotros no descartamos los programas; los llevamos a cabo.
Actividades
El año avanza con ritmo. Durante la temporada de diciembre asistimos a los campamentos nacionales de jóvenes; esta es nuestra cita sagrada. No hay palabras para explicar lo que ocurre allí; tiene que ser experimentado de primera mano. Los jóvenes están entregándose a Jesús y anclando su fe de una manera que está marcando sus vidas. Están siendo llenos del Espíritu Santo, hablando en otras lenguas según el Espíritu los llena. Están siendo
liberados de la opresión demoníaca y de adicciones destructivas.
Nos llena de gozo saber que las nueve provincias están representadas; tenemos diferentes idiomas, pero adoramos en una sola lengua. Más hermoso aún es que nuestra familia de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (CDAA) se ha unido a nosotros. Tenemos jóvenes de Esuatini y Botsuana que cruzan las fronteras porque existe una relación de trabajo saludable, activa y centrada en Cristo entre la juventud de estas naciones. Estamos mostrando un frente unido incluso cuando las tensiones étnicas amenazan con perturbar la obra de este hermoso movimiento en Sudáfrica. Dios está usando poderosamente a nuestra juventud para tender puentes sobre las divisiones tribales
creadas por las agendas políticas, uniéndolos bajo una sola bandera de fe en Jesús.
Nuestros campamentos no tienen únicamente un enfoque espiritual, sino que también son espacios de mucha alegría. Tenemos competencias deportivas de fútbol y atletismo, donde los jóvenes participan con mucho gozo y entusiasmo. Además, contamos con la presencia de nuestros miembros más ancianos, y eso nos enorgullece. Los obispos nacionales y muchos pastores también participan, oran por nosotros y nos instruyen. Contamos con una valiosa integración intergeneracional en la que los adultos comisionan a los jóvenes hacia los campos de cosecha, y se capacita a líderes emergentes tanto para el ministerio como para el entorno profesional: salones de clase, centros de salud, juzgados y juntas directivas.
Durante el mes de junio, salimos a las calles para nuestra campaña de alcance “Salvados para servir”. Este es mi sueño: ver a los jóvenes servir y glorificar a Jesús fuera de las cuatro paredes de la iglesia. Esta campaña fue inspirada por el fin de semana global de servicio que se celebra cada mes de mayo. La iglesia sale a la comunidad.
Aferrados a la comisión de Mateo 5:14-16, “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder…”, cada iglesia local se convierte en un centro misionero. Los jóvenes ayudan a los pobres, sirven a las comunidades, limpian escuelas, visitan a los ancianos, ayudan a preparar comidas para la comunidad, donan ropa y limpian los patios y hogares de las ancianas que viven solas. Algunos dedican tiempo para enseñar
a las personas a cultivar alimentos en sus pequeños terrenos, empleando así sus habilidades y educación para servir a las comunidades como una forma de TESTIFICAR del evangelio de Jesucristo. A través del servicio a las comunidades, las personas están siendo salvas. Las puertas se están abriendo.
Oramos durante todo el año. Se llevan a cabo vigilias de oración de toda la noche y ayunos dirigidos por la juventud de Sudáfrica Oriental, porque sabemos que la construcción de una nación es una guerra espiritual. Los avivamientos, las actividades de jóvenes y la capacitación de liderazgo para equipar a la juventud para el servicio no se detiene. Por otra parte, los jóvenes de la IDP han llevado a la iglesia a las plataformas de las redes sociales. La
juventud de esta tierra está tomando la delantera para guiar a la iglesia hacia un nivel de relevancia digital. Están TESTIFICANDO a través de Facebook, TikTok y otras plataformas. Gracias a los esfuerzos de la juventud, se están compartiendo videos de los servicios de la iglesia y sermones por toda la nación. Estamos viendo cómo a través de la juventud se está fortaleciendo la confraternidad entre Sudáfrica y las naciones de la CDAA. [Les animo] a seguir las actividades de los jóvenes de la IDP de Sudáfrica Oriental en Facebook e Instagram.
Administración
Nuestro movimiento se mantiene firme porque heredamos un legado de excelente administración de parte de nuestros obispos nacionales: el difunto obispo K.A. Jombile y nuestro actual obispo nacional, el obispo P.E. Namntu.
La excelencia y el orden define todo lo que hacemos. Trimestralmente, todas las iglesias locales envían sus informes a la oficina nacional utilizando un formulario diseñado para recopilar los datos requeridos. Este informe se envía junto con una cuota para financiar y expandir el trabajo de la obra. Las congregaciones locales informan a través de los canales de liderazgo instituidos en la nación, lo cual demuestra nuestro respeto con la estructura
de la iglesia.
Liderazgo y discipulado
El liderazgo juvenil lleva a cabo capacitaciones tanto de manera presencial como virtual para preparar a la juventud para el servicio y el ministerio. Organizamos desayunos de liderazgo donde los líderes locales y de distrito se reúnen para conversar, orar y compartir la visión con el fin de convertirse en líderes conforme al corazón de Dios.
Estamos empoderando activamente a los ministros jóvenes, brindándoles la oportunidad de dirigir y discipular a los creyentes. Ellos también están liderando la avanzada en el evangelismo y las iniciativas de plantación de iglesias. Para nosotros, el discipulado no termina en el altar; está profundamente arraigado en la forma en que gobernamos, educamos, sanamos, empleamos y reconciliamos. Desafiamos el statu quo con denuedo y nos congregamos cada año en amor y fe.
Servicio
Nuestra juventud sirve con una intensa pasión en todos los niveles del ministerio, desde las congregaciones locales hasta los departamentos nacionales, incluyendo la música, recepción, hospitalidad y el ministerio en el púlpito. Los
jóvenes son el latido de la obra de Dios dentro de la Iglesia de Dios de la Profecía en Sudáfrica Oriental. Quienes han sido ungidos para los ministerios en el altar sirven con pureza, poder y excelencia. De igual manera, aquellos llamados a los ministerios fuera del altar —salones de clase, clínicas, tribunales, salas de juntas corporativas y obras de construcción— sirven con la misma unción, dignidad y autoridad espiritual.
Desafíos
No vamos a fingir que no tenemos problemas. Contamos con recursos limitados para maximizar nuestros esfuerzos. Muchos de nuestros jóvenes provienen de hogares disfuncionales y cargan con heridas de sus familias. El desempleo es una realidad entre nosotros, y la corrupción en el gobierno de la nación hace que la vida sea más
difícil. Pero aun con todo eso, nos levantamos.
Nuestra confianza
El verdadero evangelio de Jesucristo sigue TESTIFICÁNDOSE con poder y autenticidad. Se sigue TESTIFICANDO con pureza y honor, sin ambiciones ocultas. Los intereses del Padre para el avance de Su reino en la tierra se siguen manteniendo en lo más profundo de nuestros corazones con reverencia y entrega.
El Espíritu Santo de Dios continúa moviéndose con poder tanto en privado como en público.
- La gente se está salvando.
- Los ojos están siendo abiertos.
- Los corazones se están alineando con Dios.
- Las mentes están siendo transformadas.
- Las adicciones se están rompiendo.
- Las enfermedades están desvaneciendo.
- Los demonios están siendo expulsados.
- Los reinos de las tinieblas están cayendo.
- Los creyentes siguen TESTIFICANDO A JESÚS con poder en todos los lugares y plataformas.
- El remanente está siendo reunido y preparado para la venida de Cristo.
- Las oraciones han sido elevadas; ¡con toda seguridad el reino se ha acercado!
¡SOMOS LA JUVENTUD DE LA IGLESIA DE DIOS DE LA PROFECÍA!