Pocos dones espirituales son malentendidos tanto como la glosolalia y su interpretación. Para los pentecostales, cuando el Espíritu Santo se mueve en un culto a través del don de lenguas y su interpretación, no se trata de simple emocionalismo, sino de un momento sagrado para edificar la iglesia y glorificar a Dios. Cuando se utilizan con amor, humildad y de forma ordenada, bajo la guía pastoral y probados con la Palabra, estos dones son vitales para el culto de una iglesia pentecostal.
Diferenciación de lenguas
Existe una distinción bíblica entre hablar en lenguas para la edificación personal y las lenguas como un mensaje público que requiere interpretación. La Biblia respalda ambas expresiones, pero cada una tiene su función. Pablo dice: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (1 Corintios 14:14). Para los pentecostales, esto es una referencia a la oración privada y la devoción en la que el creyente se comunica con Dios más allá de los límites del lenguaje humano.
Cuando alguien da un mensaje en lenguas en público, la interpretación es necesaria para que la congregación reciba la misma edificación que con la profecía. Pablo dice claramente: “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla” (1 Corintios 14:13). Esta enseñanza es la base de la fe pentecostal. Afirma la espontaneidad del Espíritu, pero también enfatiza la responsabilidad del creyente. La interpretación no es opcional; es esencial para que el don opere correctamente en la adoración colectiva. Además, la enseñanza pentecostal cita frecuentemente la instrucción de Pablo en 1 Corintios 14:28, “Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios”, como evidencia de que el autocontrol es en sí mismo una disciplina impartida por el Espíritu Santo. Desde el punto de vista pentecostal, hablar en lenguas en público sin que alguien interprete el mensaje no sirve para el propósito de edificar a toda la iglesia.
Fundamentos bíblicos para las lenguas y la interpretación
La teología pentecostal se basa firmemente en las Escrituras, particularmente en las enseñanzas de
Las instrucciones de Pablo a la iglesia de Corinto tenían como objeto servir de guía para mantener el orden, no una prohibición. Él afirmó que las lenguas son un don legítimo, pero también abordó los problemas del desorden y el uso indebido. En 1 Corintos 14:33 [el apóstol] dijo: “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos”. Esto no era una prohibición. Él personalmente valoró el don, diciendo, “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (v. 18), aunque al mismo tiempo insistía en que los cultos públicos debían ser inteligentes y edificantes para todos. Este equilibrio crucial sigue siendo fundamental en la práctica del pentecostalismo moderno.
La naturaleza de la interpretación
La interpretación de lenguas no es una traducción literal. Los pentecostales la describen como una interpretación inspirada por el Espíritu del significado del mensaje. Dado a que prioriza la interpretación espiritual sobre la precisión palabra por palabra, esto nos explica por qué puede variar en tiempo o estilo, con respecto al mensaje original. La autoridad de la interpretación no se basa en la equivalencia lingüística, sino en el discernimiento espiritual y su fundamento bíblico.
Las interpretaciones a menudo parecen exhortaciones, palabras de ánimo, alabanzas o llamados a ser fieles. No traen doctrinas nuevas, sino que refuerzan verdades que ya están en la Biblia. Los pentecostales insisten en que toda interpretación debe ser evaluada por los líderes de la iglesia y probada con la Palabra de Dios. El Espíritu Santo, que inspira el mensaje, no se contradice a Sí mismo. ¡Él es quien inspiró la Biblia!
Orden, discernimiento y guía pastoral
a adoración pentecostal es dirigida por el Espíritu, no es algo descontrolado. La instrucción que Pablo establece en 1 Corintios 14:29: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”, establece un principio de discernimiento comunitario que aplica tanto para las lenguas como su interpretación. Los líderes con experiencia son clave para orientar a la congregación, establecer directrices claras y corregir con amor cuando hay abusos o excesos.
Las iglesias saludables también establecen pautas claras sobre cuándo y cómo deben ejercerse estos dones espirituales. Se aconseja a las personas que se sientan impulsadas a transmitir un mensaje del Espíritu a esperar en oración, entendiendo que, si el Espíritu quiere dar un mensaje, también proporcionará la interpretación —bien a través de ella misma o de otro miembro de la congregación.
Este marco pastoral protege tanto la libertad como el orden. Enfatiza que los dones espirituales generen confianza y no confusión y que el culto sigue centrado en Cristo en lugar de en la expresión individual.
La edificación como objetivo central
En 1 Corintios 14:26, Pablo dijo a la iglesia: “Hágase todo para edificación”. Los mensajes en lenguas y su interpretación no tienen como objetivo elevar o exhibir a quien habla; sino que el orador es un instrumento a través del cual Dios transmite ánimo, corrección o consuelo.
Jack W. Hayford, en su libro “La belleza del lenguaje espiritual”, advierte que no debemos confundir la madurez espiritual con hablar mucho en voz alta. Él dice: “Los dones del Espíritu no son medallas de espiritualidad, sino herramientas para ayudar a otros. El amor es la única medida genuina de qué tan madura es nuestra vida espiritual.
El principio rector de Pablo sigue siendo claro: “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia” (1 Corintios 14:12). Los mensajes acompañados de interpretación son una señal visible de que Dios sigue comprometido activamente con Su pueblo y sigue edificando Su iglesia. Simón Chan dice: “El discurso carismático en la adoración es un recordatorio a la iglesia de que no solo se habla de Dios, sino que es un diálogo activo donde Dios habla” (Teología pentecostal y la tradición espiritual cristiana).
When exercised properly, these gifts remind the congregation that worship is not merely of human effort and initiative but is a Spirit-directed encounter with the Godhead. All the gifts bear witness to the living presence of God in our midst and invite the church to listen attentively to His voice.
Abordar los malentendidos y las preocupaciones
Fuera del pentecostalismo, existen posturas que sostienen que la glosolalia y la interpretación carecen de vigencia en la liturgia contemporánea. Incluso dentro de la comunidad pentecostal, algunos sostienen que el uso de lenguas en los cultos crea barreras para los visitantes. La mayoría de los pentecostales han visto o conocen historias de casos en los que el manejo de las lenguas e interpretación ha sido inadecuado.
Las Escrituras indican que Pablo no abogó por la cesación de las lenguas y la interpretación, sino por su uso correcto. La evidencia bíblica y práctica subraya la importancia de la sensibilidad pastoral. Una enseñanza clara y concisa y el ejemplo del uso correcto de estos dones facilitan la comprensión de las lenguas y su interpretación, y previenen las divisiones.
Las congregaciones que reciben una buena enseñanza comprenden que los dones espirituales demuestran el amor de Dios; no son pruebas de madurez espiritual. Aunque se valoran el hablar en lenguas y la interpretación, nunca deben anteponerse al amor, la santidad y un carácter como el de Cristo. El orden no reprime al Espíritu, sino que permite que su obra sea aceptada y se confíe en ella. La instrucción de Pablo fue específica: “pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40).
Los mensajes en lenguas y su interpretación ofrecen una poderosa demostración de la vida de la iglesia impulsada por el Espíritu. Esto refleja el acontecimiento original de Pentecostés, donde el Espíritu permitió a los creyentes hablar según Dios les indicaba, asegurando que el propósito se centrara en “las maravillas de Dios” (Hechos 2:11).
Para los creyentes pentecostales, estos dones siguen siendo manifestaciones generosas para la iglesia actual. Cuando se ejercen de acuerdo con las Escrituras, bajo el liderazgo pastoral y con amor, enriquecen la experiencia de adoración y recuerdan a los fieles que la voz de Dios sigue hablando a Su pueblo.
En un mundo que busca experiencias espirituales genuinas, la adoración pentecostal afirma que el Espíritu Santo no está distante ni en silencio. Cuando los mensajes en lenguas se transmiten de manera ordenada y se interpretan, la iglesia da testimonio de un Dios que sigue comunicándose para edificar Su cuerpo.