Lidiando con diálogos complicados

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Todo líder conoce la tensión de tener que afrontar una situación sin querer lastimar o desanimar a la persona, ni desmoronar su confianza. Cuando surge esa tensión, ya sea en el hogar, el ministerio o el liderazgo, es fácil caer en uno de dos extremos: somos cortantes y contundentes, o callamos y evitamos el conflicto. O bien hablamos con dureza, o no decimos nada en absoluto. Pero ninguna de esas respuestas ayuda a la persona ni a nosotros.

[Sin duda,] las circunstancias difíciles sacan a la luz lo que realmente somos. El conflicto revela nuestro carácter. Los malentendidos revelan el nivel de madurez de cada persona.

Las Escrituras muestran un camino mejor: “…sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15). Pablo nos presenta el modelo de Jesús para abordar las situaciones difíciles. El Señor nunca titubeó en decir la verdad, pero siempre la comunicó con amor.

La tensión entre la honestidad y el desafío

La “verdad con amor” tiene un doble compromiso. Por un lado, una profunda empatía hacia la otra persona; por el otro, es tener el valor suficiente para afrontar la realidad. Significa valorar a la persona lo suficiente como para ser sincero, no como un arma para ganar una discusión, sino para favorecer su transformación. Al mismo tiempo, la compasión no significa evadir la realidad, sino hablar la verdad con amor.

Cuando perdemos el equilibrio entre ambos compromisos, solemos caer en patrones dañinos. Piense [por un momento] en un gráfico de cuatro cuadrantes [para entender este equilibrio]. En un eje tenemos el amor y en el otro la verdad, pero el equilibrio que necesitamos para saber cómo gestionar los conflictos se encuentra donde ambos ejes se juntan.

Si divorciamos la verdad del amor, solemos ser ásperos e insensibles. Nuestras palabras se convierten en instrumentos hirientes, que, aunque resulte en una obediencia a corto plazo, perjudica la confianza. Las personas se alejan o se tornan defensivas.

También, si no somos empáticos ni decimos la verdad, nos volvemos deshonestos y manipuladores. Tendemos a sonreír en público, pero criticamos en privado. Buscamos proteger la imagen pública de nuestra relación en lugar de fortalecerla y, Proverbios 27:5 dice, “Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto”.

Por otra parte, cuando se prioriza el amor sobre la honestidad necesaria, se corre el riesgo de ser demasiado compasivos. Esta es la encrucijada que enfrentan muchos en el ministerio. Por temor a herir o a desaminar a las personas, terminamos maquillando la realidad o descuidando áreas críticas que necesitan corrección urgente. El [escritor de] Hebreos 12:11 dice, “que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia…”

El punto ideal bíblico para [lidiar] con situaciones difíciles es comunicar [siempre] la “verdad con amor”. Esto es una mezcla perfecta entre cuidar genuinamente y confrontar con claridad: “Porque eres importante para mí, me atrevo a decirte esto”. Es ser honesto y bondadoso al mismo tiempo. Este [enfoque] fortalece la confianza porque demuestra que el amor y la verdad no son enemigos, sino aliados.

Explicar el “por qué”

En la comunidad de fe, la enseñanza y la corrección no son solo herramientas para fortalecer el crecimiento; son instrumentos de formación espiritual.

El autor de Hebreos nos recuerda que el Señor disciplina a quienes ama, los moldea a través de la corrección para que participen de Su santidad (12:6- 11). La corrección dada con amor es una herramienta que Dios utiliza para ayudar a Su pueblo a crecer. Cuando los líderes abordan las situaciones difíciles bajo este lente, la corrección deja de ser una crítica y se convierte en un proceso de discipulado.

Jesús mismo ejemplificó este modelo en Su ministerio. Él corrigió a Sus discípulos por su falta de visión, sus motivaciones egoístas y su falta de fe. Sin embargo, cada corrección que les dio era un instrumento de preparación para la misión que algún día llevarían a cabo. Sus palabras eran a veces duras, pero siempre arraigadas en el deseo de moldear su carácter y fortalecer su llamado.

Esta misma responsabilidad también tienen los líderes hoy en día. [Debemos entender] que abordar los problemas con honestidad no es un acto de impaciencia o frustración, sino del sentido del deber hacia el otro. Cuando el líder comunica la verdad con el corazón, está ayudando a la otra persona a crecer en sabiduría, responsabilidad y madurez espiritual.

[Es importante saber] que los diálogos complicados tienden a desarrollarse de manera más constructiva cuando los líderes comienzan aclarando el propósito de este. El escritor Simon Sinek (2009), afirma que las personas son mucho más receptivas cuando comprenden el “porqué” detrás de una acción. En contextos de liderazgo, este principio puede ser especialmente poderoso. Cuando un líder inicia una conversación difícil afirmando que la misión compartida es servir a Cristo fielmente, se recuerda a todos que el diálogo no se trata de una crítica personal, sino de un servicio fiel y del crecimiento espiritual.

En términos prácticos, esto significa iniciar las conversaciones difíciles enfatizando la compasión y el propósito que motivan el diálogo. Cuando las personas entienden que la meta es su madurez y su compromiso con Dios, la atmósfera del diálogo cambia. La persona recibe con mayor apertura las palabras porque entiende que nace de un propósito común y no de un [juicio personal].

Conclusión

Los diálogos complicados no pueden evitarse en el liderazgo, especialmente en el ministerio. En el ámbito espiritual, las relaciones personales son fundamentales; y las Escrituras nos enseñan que la verdad y el amor no pueden desligarse. Jesús nos mostró el ejemplo perfecto para cuidar genuinamente a las personas y, al mismo tiempo, corregirlas con amor cuando es necesario.

Cuando el líder enfrenta los diálogos complicados con claridad y amor, crea una cultura de honestidad y ayuda a la madurez espiritual de la persona. Los diálogos complicados son en realidad herramientas de discipulado y de fortalecimiento para la iglesia.

Referencia:

Sinek, Simon. Start with Why: How Great Leaders Inspire Everyone to Take Action. New York: Portfolio/Penguin, 2009.

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