La belleza de la cruz

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

(1 Corintios 1:18)
Siempre me han gustado los himnos. Tengo recuerdos entrañables de cantarlos en la iglesia, y aún recuerdo las letras de los himnos de mi infancia. Los himnos tienen temas o palabras recurrentes, entre ellos está la ‘cruz’, uno de los más destacados. ¿Por qué es importante que reflexionemos sobre la cruz, especialmente durante la temporada de Semana Santa?

Reflexionamos sobre la cruz porque lo que antes fue diseñado para una muerte dolorosa, ahora es un símbolo de vida. Constantemente, en nuestras vidas y ministerios, nos enfrentamos con la muerte; sentimos el peso de nuestras propias cargas y también el sufrimiento de los demás. Nos enfrentamos a la cruda realidad de que el mundo es injusto y está quebrantado por el pecado. Pero la cruz nos brinda esperanza de vida. Así como la historia de Cristo no terminó en el Gólgota, nuestro camino en Cristo no termina con la muerte, sino con la eternidad. “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6:5).

Reflexionamos sobre la cruz porque lo que antes fue un castigo atroz, hoy es la señal de la recompensa que nos espera. Como líderes y ministros, sabemos que servir a los demás no es una tarea fácil. Hemos aceptado voluntaria y obedientemente una carga que a veces resulta abrumadoramente difícil. En ocasiones se escasean las fuerzas para continuar respondiendo al llamado que se nos ha sido dado. Pero es ahí donde la cruz nos da propósito. Sabemos que nuestra labor tiene trascendencia espiritual y que la resurrección de Cristo es una realidad y que Él cumple Sus promesas, pues las Escrituras dicen “que [Él] es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Reflexionamos sobre la cruz porque lo que antes era un instrumento de humillación, ahora es un símbolo de victoria. La vida está llena de altibajos. La mayoría de nosotros hemos tenido fracasos más de lo que nos gustaría admitir: oraciones no contestadas, proyectos que no dieron los resultados esperados, oportunidades ministeriales que no dieron los frutos que esperábamos, la recaudación de fondos en la que invertimos tiempo y esfuerzo y no alcanzamos el objetivo. A pesar de la frustración que todo esto nos trae, mantenemos nuestra mirada en Aquel que ya venció y que nos ha hecho más que vencedores.

Al permanecer anclados en la cruz, nos aferramos a la esperanza nacida de la resurrección. Durante esta temporada de Semana Santa, mantengamos nuestra mirada fija en la belleza de la cruz y elevemos nuestras voces en canto con el himnógrafo:

Oh, yo siempre amaré esa cruz,
En sus triunfos mi gloria será,
Y algún día en vez de una cruz,
Mi corona, Jesús, me dará,
Mi corona, Jesús, me dará.
(George Bennard, “La cruz de Jesús, 1913)

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