“Él mismo constituyó a unos…pastores …” (Efesios 4:11)
Hay pocos llamados tan sagrados, y a la vez tan exigentes, como el pastorado. Semana tras semana, miles de pastores de la Iglesia de Dios de la Profecía predican la Palabra con devoción, dirigen la adoración, oran por los que sufren, acompañan a los que están de luto, hacen presentaciones de niños, realizan bodas, visitan hospitales, aconsejan a personas en crisis, discipulan a los creyentes y guían a las personas hacia Cristo. Mucho de lo que hacen es invisible para la congregación, pero Dios lleva un registro de su dedicación.
El apóstol Pablo aconsejó a la iglesia, diciendo, “…sean considerados con los que trabajan arduamente entre ustedes…Ténganlos en alta estima y ámenlos por el trabajo que hacen… (1 Tesalonicenses 5:12, 13 NVI). Por eso, honrar a nuestros pastores no es una simple tradición anual; es una oportunidad bíblica para honrar a los que pastorean fielmente al pueblo de Dios.
Octubre ha sido denominado el Mes de Agradecimiento Pastoral, y quiero animar a cada iglesia local a hacer de esto mucho más que una simple fecha en el calendario. Hagamos de este mes una verdadera celebración a través del
agradecimiento desbordante, palabras de aliento, dádivas generosas y el compromiso de la oración por ellos. No esperemos a que un pastor/a se retire o a que ya no esté con nosotros para honrarlo. La fidelidad debe celebrarse mientras él/ella pueda disfrutarlo.
Al honrar a su pastor/a, recuerden también a la familia que se mantiene firme a su lado. Los cónyuges y los hijos suelen cargar con los sacrificios invisibles del ministerio, respaldando con total entrega la obra a la que Dios los ha
llamado. Ellos también se merecen nuestro amor absoluto, aliento y aprecio.
Hace poco, me encontré con una publicación en Facebook de un autor desconocido que realmente me hizo reflexionar por un momento. Aunque fue escrita pensando en los pastores de iglesias pequeñas, creo que le habla directo al corazón de cada pastor fiel, sin importar el tamaño de su congregación. Fue un hermoso recordatorio
de que, mientras el mundo suele celebrar el protagonismo, Dios honra la fidelidad.
Pastor/a, su labor jamás será en vano. Cada vida que impacta, cada oración que hace, cada lágrima que derrama en secreto y cada semilla que siembra deja una huella en la eternidad. El impacto de su ministerio es más grande de lo que se imagina.
A todos los pastores y sus familias de nuestra comunidad global, muchas gracias por su servicio incondicional. Sepan que los honramos, amamos y cubrimos constantemente en oración. Gracias por responder al llamado de Dios y por pastorear a Su iglesia con tanta entrega.
“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos”. (Gálatas 6:9 NVI)
