¡Comparta! Secreto de un matrimonio feliz

El matrimonio no es un concepto nuevo. Adán y Eva no se casaron oficialmente en una ceremonia formal como se acostumbra hoy en día, pero Dios estableció su unión y la bendijo (Génesis 1:27, 28). Muchas parejas en el Antiguo Testamento estuvieron casadas por cientos de años, pues la esperanza de vida en aquel entonces era mucho más larga (por ejemplo, Adán y Eva, Abraham y Sara). En esta sociedad moderna, esto es casi inconcebible. ¿Cómo podrían un hombre y una mujer vivir juntos durante tantas décadas?

Según [el autor de] Marriage: Its Foundation, Theology, and Mission in a Changing World (El matrimonio: sus fundamentos, teología y misión en un mundo cambiante), hay dos términos clave en Génesis 1 que “requieren atención: [estos son] imagen/semejanza y someter. Uno de los términos define quiénes somos y el otro qué debemos hacer”.[1] Génesis 1:27 dice que Dios creó a los seres humanos, hombre y mujer, a Su imagen. En los versículos 28-30, Dios les ordenó que se multiplicaran y cuidaran de la creación.

En la antigüedad, el matrimonio era una institución clave estructurada para traer estabilidad, facilitando la organización familiar para la agricultura y el desarrollo de civilizaciones.[2] El
principio fundamental era un compromiso mutuo, muy distinto a la versión idealizada del amor de estos tiempos modernos. [Sin duda], las familias tuvieron sus desafíos, pero el propósito era la
resiliencia colectiva.

Cuando pienso en mis abuelos, quienes estuvieron casados por más de cincuenta años, recuerdo que mi abuelo regañaba a mi abuela los domingos por la mañana porque se demoraba en peinarse para ir a la iglesia. La amenazaba con irse si no se daba prisa. Pero en realidad nunca se fue sin ella, pues mi abuela nunca sacó una licencia de conducir. Él simplemente le pedía que se diera prisa para no llegar tarde al templo.

También recuerdo que cuando ella falleció, mi abuelo se sentía desorientado por su ausencia. Lo primero que quería hacer cuando iba a visitarlo era ir a su tumba. Le hacía una gran falta; ellos aprendieron a navegar juntos las tormentas de la vida. Ella se ocupada de colar la leche que él ordeñaba de las vacas; hacia sus galletas de siempre sin receta alguna. Estaba muy acostumbrada a lavar la ropa de mi abuelo, llena de hollín, cuando salía de sus turnos en las minas de carbón, donde trabajaba para sustentar a la familia. Eran un equipo.

Mi esposo y yo solo llevamos veintisiete años de matrimonio, pero estoy agradecida por el profundo vínculo que comparto con él. Nos hemos mudado cuatro veces a otros estados, hemos experimentado la pérdida de empleos (pero afortunadamente, no al mismo tiempo), un aborto natural, la pérdida de nuestros padres (los míos con quince semanas de diferencia), la crianza de nuestro hijo entre los 40 y 50 años y el cuidado mutuo en situaciones médicas (cirugías); pero en medio de todas estas experiencias hemos disfrutado de las bendiciones de Dios. El día que nos casamos, nos convertimos en familia.

Pero ¿cuáles son algunos consejos para un matrimonio feliz y saludable?

Sobre todas las cosas, dedique tiempo a desarrollar su relación con Dios. Lea Su Palabra. Nunca podremos comprender toda la profundidad de Dios, pero la lectura de Su Palabra nos proporciona un conocimiento fundamental. Hable con el Señor. Aunque Él conoce nuestros corazones, anhela saber cómo nos sentimos. También nos pide que le escuchemos atentamente. El Señor se regocija en ser nuestro Protector, Proveedor, Sanador, Pastor y Paz. Reconocer nuestra dependencia en Él le es agradable a Sus oídos. Además, valora nuestra gratitud.

En segundo lugar, porque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, nuestra relación con nuestro cónyuge es un reflejo de nuestra relación con Dios. A continuación, algunos consejos para revitalizar nuestra relación matrimonial:

  • Dedicar tiempo juntos. Nunca sabremos todo acerca de nuestro cónyuge. La historia de cada individuo es tan personal como su huella digital. Sin embargo, las conversaciones honestas y alegres nos ayudan a comprender a esa persona [que está a nuestro lado]. Cuanto más nos comunicamos entre nosotros, más aprendemos el uno del otro; pero es importante evitar el ahogamiento en la conversación. Debemos darnos espacio, tomar turno y respetarnos mutuamente.
  • Servirse de manera mutua. No espere que su cónyuge haga todo el trabajo. Dios nos creó para complementarnos de manera mutua. Disfruten hacer cosas pequeñas el uno para el otro. Demuestre gratitud cuando su cónyuge haga algo afable por usted. Devuelva el favor.
  • Apoyarse mutuamente. Cuando perciba sufrimiento, demuestre empatía genuinamente. Escuche, ore y ayude. Busquen elogiarse el uno al otro con palabras de afirmación.
  • Confiaza mutua. Sean amigos más cercanos que un hermano. Anime a su cónyuge a ser lo mejor que pueda. No busquen siempre el camino más fácil. El crecimiento toma tiempo. Hay mucho que aprender en este camino.
  • Sueñen juntos. Compartan sus esperanzas para el futuro, pero no se olviden de disfrutar el presente. A veces cuando me miro al espejo veo algunas arrugas y canas, pero me encanta cuando mi esposo me dice: “Oh, aún te quedan otros veinte años antes de empezar a envejecer”. Intercambien sonrisas. Tómense tiempo para reír. Disfruten de la experiencia de vivir juntos.
  • Evite ser una persona preocupada. Jesús dice: “Por lo tanto, no se preocupen por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas” (Mateo 6:34 NVI).

Ninguno de nosotros sabe quién partirá de esta tierra primero. Solo Dios lo sabe, así que vivan sin remordimientos. Dígale a su cónyuge que él/ella es un tesoro para usted. Y mientras le comunica esas palabras, dele gracias al Señor por haber traído a su cónyuge a su vida. “Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras” (Santiago 1:17 NVI). Con la ayuda de Dios, podemos establecer un legado duradero de devoción e integridad, que guiará a nuestros hijos y nietos durante generaciones (véase Tito 2:3-8 NVI).

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[1] Curt Hamner et al., eds., Marriage: Its Foundation, Theology, and Mission in a Changing World (Chicago, IL: Moody Publishers, 2018), 70.

[2] The Canvas Nomad, “Evolution of Marriage: From Ancient Beginnings to Modern Love,” Medium.com, 3 de octubre de 2024, https://medium.com/@TheCanvasNomad/the-evolution-of-marriage-from-ancient-beginnings-to-modern-love-4a2ea5642de2.

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