Equilibrar la vida familiar y el ministerio

LA MESA DEL PASTOR

Desde 1998, Janet y yo somos los pastores principales de la [iglesia] Bethesda Worship Center en Sheridan, Wyoming. Durante ese tiempo, teníamos tres hijos, que ahora son todos adultos. Estoy seguro de que la dinámica laboral y familiar de cada uno es un poco distinta a la mía, pero la mayoría de nosotros nos podemos identificar con la dificultad que tenemos de querer ‘equilibrar nuestro tiempo’. Una cosa que todos tenemos en común es la cantidad de tiempo que tenemos en un día: todos disponemos de 24 horas. La diferencia entre nosotros es cómo empleamos ese tiempo.

He aprendido que tener una ‘vida equilibrada’ es prácticamente inalcanzable. Si busco administrar mi tiempo, o equilibrarlo, usualmente suelo decepcionar a los que me rodean y termino sintiéndome culpable. Así que, ¡he dejado de intentarlo! Antes bien, he hallado paz al enfocarme más en identificar y vivir cada ‘temporada’. El sabio Salomón dijo: “Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo” (Eclesiastés 3:1 NTV).

Cuando criábamos a nuestros hijos, yo trabajaba como pastor a tiempo completo. Janet trabajaba a tiempo completo como ama de casa. Tras unos días decepcionantes tratando de reorganizar su agenda por situaciones con los niños, una amiga la animó y le dijo: ‘Esto es solo una temporada’. ¡Y así fue! Conforme nuestros hijos crecieron, hemos vivido diferentes temporadas en todos los aspectos de la vida. Ahora procuro vivir cada temporada y no me ató a la frustrante tarea de querer ‘equilibrar’ cada día. El versículo de Eclesiastés es solo una de las varias referencias bíblicas que hablan de las temporadas de la vida.

Estoy aprendiendo lo importante que es reconocer la temporada de la vida en la que me encuentro, y lo esencial que es comunicársela a la gente que me rodea. Por ejemplo, en algunas temporadas, he necesitado pasar más tiempo con mi familia. En otras, he tenido que estar más tiempo en la iglesia. Y también hay otras en las que es necesario hacer una pausa para recargar energías y renovarse personalmente.

Reconocer una temporada no es difícil para mí; el reto es dejar que esa temporada termine y comience una nueva. ¡Nuestras temporadas deben cambiar! Quedarse siempre en la casa con la familia, no es una temporada; esa es la opción que escoge una persona para vivir su vida. Del mismo modo, si todo lo que uno hace cada semana es trabajar, eso tampoco es una temporada; ese es un estilo vida.

Además de reconocer la temporada en la que uno se encuentra, también es importante comunicárselo de forma intencionada a las personas necesarias. Mientras nuestros hijos crecían, hubo épocas en las que tuve que decirles que estaría menos tiempo en casa (por varios días) porque la iglesia me necesitaba. No les consulté para estar más tiempo en la iglesia, pero les expliqué por qué era necesario y les pedí que me bendijeran en esa temporada.

De igual forma, aprendí a comunicarme más deliberadamente con nuestra familia de la iglesia. Cuando es necesario, les informo en qué temporada me encuentro. (Cuando la iglesia era más pequeña, se lo hacía saber a toda la congregación). Pero hora que hemos crecido, le informo al personal y a los líderes). Si necesito tomar tiempo para estar con mi esposa e hijos debido a una reciente agenda de la iglesia bastante ajetreada, no busco el permiso de la iglesia, simplemente les informo del porqué y les pido que me bendigan en esa temporada. He descubierto que esto es sano para ambas familias —mi esposa e hijos y la familia de la iglesia. He observado que este ejemplo ha ayudado al personal y a los líderes de la iglesia; ahora están imitando esta práctica, lo cual los ha fortalecido a ellos y también a sus familias. Esto, a su vez, ha fomentado una congregación próspera.

Aunque las temporadas están hechas para cambiar, el propósito es consistente. Por lo tanto, el propósito es mayor que las temporadas. [En mi vida] procuro ver cuál es el propósito de Dios y cómo puedo glorificarlo más en la responsabilidad que tenga que desempeñar durante cada temporada. [Por ejemplo], si asisto a un evento familiar, ruego que Dios sea glorificado a través de mi presencia en ese lugar. Si proveo para una necesidad a través de la iglesia, mi oración es que Dios sea glorificado a través de mi presencia allí también.

[Personalmente] utilizo una agenda como herramienta práctica para identificar la ‘temporada’ en la que me encuentro actualmente en mi vida y planificar deliberadamente los cambios futuros. Me ayuda a establecer prioridades porque me obliga a preguntarme: “¿Dónde debo estar hoy porque no puedo enviar a nadie más?” Estos eventos pueden ser conciertos, fiestas de cumpleaños y aniversarios, además de funerales y bodas, y preparar talleres de capacitación, por nombrar algunos. Realmente me tomo el tiempo para anotar todos estos eventos en mi calendario y en la agenda de citas de la oficina. Cada vez que planifico mis días, semanas y meses, siento la necesidad de buscar la guía espiritual y planificar cuidadosamente.

Por supuesto, ha habido ocasiones en las que no he podido cumplir con las expectativas de un miembro de la iglesia porque tenía planes familiares, y en otras ocasiones, he decepcionado a mi familia por no estar con ellos porque he tenido que cumplir con mis compromisos con la iglesia. ¡He hecho las paces con eso! La comunicación efectiva me ayuda a mantener una presencia balanceada tanto en mi familia como en la iglesia.

El reto ante usted es que identifique en qué temporada se encuentra en este momento y quién debería saberlo. Le animo a que comunique esa respuesta a las personas necesarias. Por último, ruego [a Dios] que viva con un gran propósito. Recuerde que el propósito de Dios para su vida es más grande que su temporada actual. Si le glorifica en cada temporada, cumplirá Sus propósitos para usted en esta vida. ¡En última instancia, nuestro propósito es siempre glorificar a nuestro gran Dios!

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