{"id":31786,"date":"2026-01-07T08:00:51","date_gmt":"2026-01-07T08:00:51","guid":{"rendered":"https:\/\/cogop.org\/?p=31786"},"modified":"2026-01-07T08:00:51","modified_gmt":"2026-01-07T08:00:51","slug":"con-corazones-abiertos-proclamar-la-palabra-de-dios-con-compasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cogop.org\/es\/con-corazones-abiertos-proclamar-la-palabra-de-dios-con-compasion\/","title":{"rendered":"Con corazones abiertos: Proclamar la Palabra de Dios con compasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><i>\u201cNo puedes decir el nombre de Jes\u00fas\u201d. <\/i>Esas palabras han quedado grabadas en mi memoria durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas. Yo era un joven profesional, reci\u00e9n contratado por una gran agencia sin fines de lucro en el \u00e1rea metropolitana de Chattanooga, Tennessee. Mi supervisor era de la fe bah\u00e1\u2019\u00ed y mis compa\u00f1eros representaban una amplia gama de creencias, incluyendo cat\u00f3licos, jud\u00edos e incluso varios ateos. Yo era simplemente un miembro m\u00e1s del equipo, no el m\u00e1s experimentado, ni el m\u00e1s extrovertido y, desde luego, tampoco el que ocupaba un puesto de autoridad. Cuando la agencia se preparaba para un importante evento comunitario de recaudaci\u00f3n de fondos, me invitaron inesperadamente a pronunciar la invocaci\u00f3n en este evento.    <span class=\"Apple-converted-space\"> <\/span><\/p>\n<p>Justo antes de subir al estrado, mi supervisora me llev\u00f3 discretamente a un lado. \u201cNo puedes decir el nombre de Jes\u00fas\u201d. <span class=\"Apple-converted-space\"> <\/span><\/p>\n<p>Su tono era educado, sereno, pero la instrucci\u00f3n me pes\u00f3 mucho en el coraz\u00f3n. Recuerdo que me qued\u00e9 detr\u00e1s del escenario luchando internamente: \u00bfDebo orar en silencio? \u00bfDebo ofrecer algo generalizado y vago? \u00bfDebo proteger mi puesto y obedecer?   <span class=\"Apple-converted-space\"> <\/span><\/p>\n<p>Ese momento me presion\u00f3 de una manera que a\u00fan no puedo explicar del todo. No me consideraba una persona abiertamente audaz, ni entonces ni ahora. Pero mientras caminaba hacia el micr\u00f3fono, or\u00e9 por valor, no para desafiar a la autoridad ni para avergonzar a nadie, sino simplemente para honrar a Aquel que me hab\u00eda redimido.  <span class=\"Apple-converted-space\"> <\/span><\/p>\n<p>Ofrec\u00ed la oraci\u00f3n que la agencia esperaba: una oraci\u00f3n de gratitud por la generosidad, bendici\u00f3n para la misi\u00f3n y esperanza para aquellos a quienes serv\u00edamos. Pero cuando termin\u00e9, algo surgi\u00f3 dentro de m\u00ed que sab\u00eda que no proven\u00eda de la confianza humana. Me o\u00ed decir: \u201cPido todo esto en el nombre de Aquel que me salv\u00f3, Jesucristo. Am\u00e9n\u201d.  <span class=\"Apple-converted-space\"> <\/span><\/p>\n<p>No estaba tratando de ser conflictivo, ni me fui con un sentimiento de rebeld\u00eda. Lo que sent\u00ed fue paz. Era una convicci\u00f3n nacida de la gratitud. El silencio, en ese momento, habr\u00eda negado a Aquel que me hab\u00eda dado tanto.   <span class=\"Apple-converted-space\"> <\/span><\/p>\n<p>Ese momento todav\u00eda me moldea cuando pienso en lo que significa compartir la Palabra de Dios con compasi\u00f3n. Audacia no es gritar. No es antagonismo. No es ganar una discusi\u00f3n. Es simplemente negarse a ocultar a Aquel que ha transformado tu vida. Como muchos de nosotros cant\u00e1bamos de ni\u00f1os: \u201c\u00a1Esta peque\u00f1a luz, yo la har\u00e9 brillar!\u201d.     <\/p>\n<p>Pienso en esa experiencia cada vez que leo Hechos 4 y veo a Pedro y Juan ante el concilio. Su situaci\u00f3n era mucho m\u00e1s seria que la m\u00eda. Se enfrentaban al poder legal, a la autoridad religiosa y a graves consecuencias. Sin embargo, a ellos tambi\u00e9n se les dec\u00eda, en esencia: \u201cNo pueden decir el nombre de Jes\u00fas\u201d. Su historia ofrece una poderosa base teol\u00f3gica para nuestra oraci\u00f3n: \u201cSe\u00f1or, abre nuestros corazones y nuestras bocas para declarar tu verdad con compasi\u00f3n\u201d.    <\/p>\n<p>En los cap\u00edtulos anteriores a este enfrentamiento, Pedro y Juan ya hab\u00edan demostrado c\u00f3mo es el ministerio. En Hechos 3, al acercarse al templo, se encontraron con un hombre que era cojo de nacimiento. En lugar de apartarse, lo vieron de verdad. Pedro le habl\u00f3, le ofreci\u00f3 algo m\u00e1s que la plata y el oro y, en el nombre de Jes\u00fas, lo levant\u00f3 y lo puso en pie. El hombre fue sanado, y el milagro provoc\u00f3 asombro entre toda la gente. Ese acto de compasi\u00f3n cre\u00f3 una oportunidad para la proclamaci\u00f3n, y Pedro aprovech\u00f3 el momento para dar testimonio de Jes\u00fas, Su muerte, resurrecci\u00f3n y perd\u00f3n.     <\/p>\n<p>Pero la compasi\u00f3n y la <i><i>proclamaci\u00f3n<\/i><\/i> juntas a menudo provocan oposici\u00f3n. En Hechos 4, los l\u00edderes religiosos arrestan a Pedro y Juan, molestos por el mensaje que predican. Los llevan ante el concilio y los interrogan sobre el poder y el nombre por el que predican y act\u00faan. Mientras Pedro responde, lleno del Esp\u00edritu Santo, el concilio nota algo extraordinario. Estos hombres son personas comunes y sin educaci\u00f3n, pero hablan con claridad y valent\u00eda. La \u00fanica explicaci\u00f3n que los l\u00edderes pueden encontrar es que Pedro y Juan \u201chab\u00edan estado con Jes\u00fas\u201d.     <\/p>\n<p><b>El Esp\u00edritu debe abrir primero el coraz\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Esa observaci\u00f3n apunta a la primera verdad que debemos recuperar si queremos hablar la Palabra de Dios con compasi\u00f3n: el Esp\u00edritu debe abrir primero el coraz\u00f3n. Antes de que Pedro se presentara ante el concilio, Dios hab\u00eda realizado una profunda obra en \u00e9l. Se trataba del mismo Pedro que, solo unas semanas antes, hab\u00eda negado incluso conocer a Jes\u00fas. Sab\u00eda lo que significaba fracasar, tener miedo, retroceder ante la presi\u00f3n. Sin embargo, el Cristo resucitado lo restaur\u00f3, y en Pentecost\u00e9s, Pedro fue lleno del Esp\u00edritu Santo. Su verg\u00fcenza fue reemplazada por la gracia de Dios. Su miedo fue reemplazado por la audacia nacida del Esp\u00edritu. Su coraz\u00f3n hab\u00eda cambiado mucho antes que sus palabras.       <\/p>\n<p>Cada vez que hablamos de Cristo, en realidad estamos hablando de lo que \u00c9l ya ha hecho en nosotros. Las Escrituras nos recuerdan que de la abundancia del coraz\u00f3n habla la boca. Si nuestros corazones est\u00e1n endurecidos, nuestras palabras sonar\u00e1n duras. Si nuestros corazones son indiferentes, nuestro testimonio ser\u00e1 silencioso. Pero cuando el Esp\u00edritu Santo ablanda nuestros corazones al amor de Dios, a la perdici\u00f3n de la humanidad y a la bondad del evangelio, nuestras bocas comienzan a abrirse. La proclamaci\u00f3n compasiva del evangelio no es una t\u00e9cnica, sino m\u00e1s bien un desbordamiento de un coraz\u00f3n transformado.     <\/p>\n<p><b>La compasi\u00f3n debe ir acompa\u00f1ada de una convicci\u00f3n valiente<\/b><\/p>\n<p>Cuando el concilio orden\u00f3 a Pedro y Juan que no hablaran ni ense\u00f1aran en el nombre de Jes\u00fas, los ap\u00f3stoles se encontraron en un conflicto directo entre las \u00f3rdenes humanas y su llamado divino. Su respuesta fue respetuosa pero firme. Dijeron que la obediencia a Dios deb\u00eda tener prioridad sobre la obediencia a las personas, y declararon que no pod\u00edan evitar hablar de lo que hab\u00edan visto y o\u00eddo.  <\/p>\n<p>Es interesante notar lo que no hicieron. No insultaron al concilio. No recurrieron a los insultos. No lanzaron piedras verbales. En cambio, dieron testimonio; testificaron. Su valent\u00eda no proven\u00eda del deseo de ganar una discusi\u00f3n, sino de la lealtad a Cristo y del amor por aquellos que lo necesitaban. Jes\u00fas hab\u00eda modelado este tipo de convicci\u00f3n compasiva a lo largo de Su ministerio. Mir\u00f3 a las multitudes con compasi\u00f3n, incluso cuando las llam\u00f3 al arrepentimiento. Am\u00f3 al joven rico, incluso cuando le dijo una dura verdad que \u00e9l no estaba preparado para aceptar. Llor\u00f3 por Jerusal\u00e9n, incluso mientras advert\u00eda del juicio.         <\/p>\n<p>En nuestra \u00e9poca, a menudo sentimos la presi\u00f3n de elegir entre la amabilidad y la convicci\u00f3n. Por un lado, nuestra cultura a veces ofrece una especie de \u201camabilidad\u201d que evita mencionar el nombre de Jes\u00fas para que todos se sientan c\u00f3modos. Por otro lado, algunas expresiones de fe enfatizan la verdad sin tener en cuenta el tono o la ternura. El evangelio no nos permite conformarnos con ninguna de estas distorsiones. Hablar en nombre de Jes\u00fas es hablar con sinceridad y amor. No podemos amar verdaderamente a las personas sin decirles la verdad sobre Cristo, y no podemos representar verdaderamente a Cristo si nuestras palabras carecen de compasi\u00f3n.     <\/p>\n<p><b>La oraci\u00f3n precede a la proclamaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que Pedro y Juan fueran amenazados y liberados, regresaron a la comunidad de creyentes y les contaron lo que hab\u00eda sucedido. La respuesta inmediata de la iglesia no fue organizar una campa\u00f1a, emitir un comunicado o retirarse por miedo. Levantaron sus voces juntos en oraci\u00f3n. Cuando podr\u00edan haber pedido protecci\u00f3n o un camino m\u00e1s f\u00e1cil, en cambio le pidieron a Dios que les concediera audacia para hablar Su Palabra. Oraron para que \u00c9l extendiera Su mano para sanar y realizar se\u00f1ales y prodigios en el nombre de Jes\u00fas.    <\/p>\n<p>Dios respondi\u00f3 a esa oraci\u00f3n. El lugar donde estaban reunidos se estremeci\u00f3, todos se llenaron del Esp\u00edritu Santo y salieron a proclamar la Palabra de Dios con valent\u00eda. La oraci\u00f3n no elimin\u00f3 la oposici\u00f3n, pero s\u00ed elimin\u00f3 el dominio del miedo. No garantiz\u00f3 que todos aceptaran su mensaje, pero garantiz\u00f3 que lo proclamaran con valent\u00eda.   <\/p>\n<p>Si anhelamos ver corazones y bocas abiertas en nuestras iglesias hoy en d\u00eda, debemos comenzar en el mismo lugar, con la oraci\u00f3n. Oramos para que Dios renueve en nosotros la sensibilidad hacia los perdidos, para que no seamos insensibles a las necesidades espirituales que nos rodean. Le pedimos al Esp\u00edritu Santo que elimine el miedo y la apat\u00eda que nos mantienen en silencio en los momentos en que se debe pronunciar el nombre de Jes\u00fas. Lo invitamos a obrar especialmente en la vida de los l\u00edderes de la pr\u00f3xima generaci\u00f3n, para que aprendan a llevar el evangelio con ternura y valent\u00eda.   <\/p>\n<p>Recuerdo aquella noche en Chattanooga y reconozco que la audacia que mostr\u00e9 no proven\u00eda de m\u00ed. Fue la obra del Esp\u00edritu en mi coraz\u00f3n lo que me dio la paz para pronunciar el nombre de Jes\u00fas en un entorno en el que no era bienvenido. Del mismo modo, la audacia de Pedro y Juan no eran rasgos de su personalidad. Era una se\u00f1al de que hab\u00edan estado con Jes\u00fas y hab\u00edan sido llenos de Su Esp\u00edritu.   <\/p>\n<p>Este mes, mientras oramos: \u201cSe\u00f1or, abre nuestros corazones y nuestras bocas para declarar Tu verdad con compasi\u00f3n\u201d, no estamos simplemente pidiendo m\u00e1s valent\u00eda. Le estamos pidiendo a Dios que nos transforme desde dentro. Le pedimos que abra nuestros corazones para que veamos a las personas como \u00c9l las ve, que moldee nuestras convicciones para que no podamos ocultar a Aquel que nos ha salvado, y que nos lleve a una oraci\u00f3n m\u00e1s profunda para que nuestro testimonio sea llevado por Su poder y presencia.  <\/p>\n<p>Que aquellos que nos escuchan hablar, ya sea en p\u00falpitos o en aulas, en lugares de trabajo o en nuestros propios hogares, puedan decir de nosotros lo que el concilio dijo de Pedro y Juan: \u201cHan estado con Jes\u00fas\u201d. Y que esa realidad abra tanto nuestros corazones como nuestras bocas para pronunciar Su nombre con compasi\u00f3n y convicci\u00f3n. <\/p>\n<p><i>La versi\u00f3n angl\u00f3fona de este art\u00edculo ha sido perfeccionada utilizando herramientas de inteligencia artificial (ChatGPT, OpenAI; Grammarly) para la gram\u00e1tica, el formato y el estilo; la teolog\u00eda y el contenido reflejan la perspectiva del autor.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cNo puedes decir el nombre de Jes\u00fas\u201d. Esas palabras han quedado grabadas en mi memoria durante m\u00e1s de dos d\u00e9cadas. Yo era un joven profesional, reci\u00e9n contratado por una gran agencia sin fines de lucro en el \u00e1rea metropolitana de Chattanooga, Tennessee. 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