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Un llamado centenial a la unidad cristiana: El aprecio y la continuidad a los esfuerzos de nuestros antepasados de permanecer fieles a Efesios 4:3: “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.
Adrián Varlack, padre es el historiador de la iglesia en las oficinas internacionales de la Iglesia de Dios de la Profecía en Cleveland, Tenesí. Es un frecuente escritor  para la revista Mensajero Ala Blanca, y también ha escrito lecciones y artículos para libros de textos a nivel universitario, currículo de escuela dominical y otros recursos de entrenamiento. Su libro, Iglesia de Dios de la Profecía: Historia concisa, gobierno, doctrina y futuro, es parte de la serie Fundamento, usado para entrenar a los ministros de la IDP. El obispo Varlack es un orador muy solicitado para conferencias y convenciones alrededor del mundo.
Adrián L. Varlack, padre |  Historiador de la Iglesia de Dios de la Profecía
Revisitando la unión cristiana
Quizá el apóstol Pablo estaba pensando en las promesas del Antiguo Testamento cuando le escribió a la iglesia en Roma expresando su celo por la salvación de Israel. Cuando vio que otras nacionalidades formaron parte del reino de Dios antes que los judíos en la primera dispensación del Evangelio, él se esforzó en explicar que Dios tuvo que callar a todos (tanto judíos como gentiles) en desobediencia, para que en la economía de Dios, Él tuviera misericordia de todos. La interferencia en constraste a lo que Pablo presenta es que en aquel entonces los judíos eran enemigos del Evangelio por causa de los gentiles, aunque la intención y el plan de Dios era tener misericordia de todos. Por consiguiente, la aceptación del Evangelio por otras naciones antes de Israel eventualmente resultaría en la salvación de los judíos, porque ellos eran amados por causa de los padres. Pablo estaba tan impactado por la sabiduría divina de Dios obrando en medio de imposibilidades, que exclamó en Romanos 11:33,

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!”

Nosotros también estamos aquí por lo que Dios ha hecho y nos ha prometido en las Escrituras (Efesios 1:10), ¡y porque levantó a nuestros padres para ser parte de esto! Nosotros somos el pueblo amado de Dios por el bien de todos, mientras tenemos la bendición de estar asociados a esta gran herencia. La esperanza y los sueños de la unión cristiana (unidad cristiana) son los nuestros también, y nos sentimos tan confiados como lo estuvo Pablo por la gran sabiduría y el conocimiento de Dios que forman parte del gran rompecabezas de la unidad cristiana. Lo que fue iniciado por una generación deben continuarlo las siguientes generaciones hasta que madure y dé fruto, por la causa del reino victorioso de Dios. Creo que el Espíritu Santo está obrando fielmente entre el pueblo de Dios para alcanzar esta meta. La pregunta sería, “¿Qué podemos hacer para facilitar la obra que Dios entre Su pueblo?”

A la luz de la historia cristiana y nuestra propia tradición de santidad/pentecostal, parece vano e improbable representar el llamado a la unión cristiana.[1] Sin embargo, el argumento presentado en este papel para la Asamblea Centenial de la Iglesia de Dios de la Profecía (IDP) no sólo es el foro perfecto para reflexionar sobre la unidad bíblica, sino que ciertamente debemos usar esta oportunidad para ampliar, profundizar y expandir nuestras relaciones con aquellos que también comparten esta herencia. Esto obviamente implica que tenemos (o debemos tener) un entendimiento completo de nuestra propia tradición y un sentido claro de cómo nuestra iglesia ha entendido esta pregunta sobre la Unión Cristiana y sus implicaciones. Tal compromiso con otros es necesario para ayudar a que la iglesia siga materializando la restauración del rol al cual Dios nos ha llamado como pueblo de Su reino y también para el mundo.

De la manera que nuestros antepasados lo entendieron, la motivación del evangelio de Jesucristo es evangelizar y [alcanzar] la madurez cristiana. Esta es la premisa comúnmente aceptada y que en esencia, forma la Iglesia.[2] En otras palabras, es natural que cuando una persona responde positivamente a la predicación del Evangelio, está siendo moldeada para formar parte de una comunidad donde reciba instrucción, disciplina y crecimiento en el conocimiento de Cristo, para seguir esta jornada y, junto al pueblo de Dios servir al mundo. En ocasiones nos referimos a estos grupos como las estaciones misioneras e iglesias locales. Este mismo pensamiento puede ser citado de las minutas de nuestra primera Asamblea en 1906, cuando los delegados mientras discutían sobre la evangelización, “los hombres fuertes lloraron y dijeron que no sólo estaban dispuestos, sino ávidos por ir”.[3] Dicho en breves palabras, el Evangelio —la misión de nuestro Señor para salvar— es un llamado a la Iglesia a dar un paso adelante, y ese mismo Evangelio es la base principal para la unión cristiana, según fuera enseñada y como testimonio a través de la obra del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13; Efesios 4:3).

Repasando el llamado histórico del Espíritu (1984)
Aunque presentamos varias preocupaciones sobre la Unión Cristiana, debemos dirigirnos hacia las correcciones de los dogmas y calladamente asumir nuestra propia experiencia histórica. Deseo atender esto a través del misericordioso “Llamado al arrependimiento” del Espíritu Santo que ocurrió durante la 79na Asamblea Internacional de la Iglesia de Dios de la Profecía celebrada en Cleveland, Tenesí del 4-10 de septiembre de 1984. Este Llamado cae dentro del cuadro familiar de tres disciplinas cristianas académicas o teológicas: Pneumatología, Misiología y Eclesiología. Primero, el Llamado sugiere que tenemos la necesidad de una “relación vital” renovada con el Espíritu Santo, de quien “nos hemos alejado”. Segundo, el Llamado enfatiza nuestra falta de compasión hacia un mundo perdido que “vive bajo el juicio de Dios a la condenación eterna”, lo cual sugiere una seria necesidad de renovar nuestro enfoque en la cosecha, nuestra participación en la missio dei, la misión santa de Dios que busca a los perdidos para que sean salvos (Mateo 18:11). Tercero, este Llamado incluye el idioma “…rededicándonos al hecho de ser la Iglesia de Dios de la Biblia”.[4] Procedamos a analizar cada uno de éstos.
El Espíritu nos llama al arrepentimiento (Pneumatología)
La intervención del Espíritu, basada en el llamado de Joel a una “asamblea solemne” (2:15-17), es una esperanza clara y estimulante de que la Iglesia de Dios de la Profecía, y de hecho el movimiento mayor de la Iglesia de Dios que comenzó en las laderas Apalache en las décadas de los 1800 y 1900, fue una obra del Espíritu, convirtiéndonos en el pueblo de Dios en el mundo, el cuerpo de Cristo (1 Pedro 2:9, 10). Por lo tanto, siendo levantados por el Espíritu, sólo podemos continuar en, y por el Espíritu. Como lo declara “Un llamado al arrepentimiento de toda la iglesia”, “No podemos darnos el lujo de proseguir nuestra misión sin la evidencia convincente de Su presencia y aprobación”.[5]

Con relación a esto podemos añadir que 10 años después de este Llamado, el liderazgo ejecutivo de la Iglesia de Dios (Cleveland, Tenesí), dirigido por el supervisor Robert White, hizo un llamado para tener una serie de “asamblea solemne” basado en el mismo texto bíblico que se encuentra en Joel 2:1-17. Sus colegas de la Iglesia de Dios de la Profecía fueron también invitados a participar de estos servicios y oraciones, marcando la ocasión como un período solemne y especial que estuvo centrado en la idea del arrepentimiento y perdón. Después de cuatro servicios unidos, el 9 de enero de 1995 (en el Centro Dixon, nuestro Aposento Alto, la capilla de oración de ellos y la Iglesia de Dios de la Profecía Peerless Road), el ahora difunto obispo Billy D. Murray, en aquel entonces supervisor general de la Iglesia de Dios de la Profecía, leyó una declaración titulada, “Petición de Perdón”, a nombre de los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios de la Profecía. El párrafo principal de esta declaración giró en torno al contexto del llamado por el Espíritu al arrepentimiento que ocurrió en 1984. El obispo Murray dijo en parte,

“En recientes meses, hemos sido atraídos a relacionarnos con otros grupos cristianos, que en algunos casos le falta el calor del compañerismo genuino que sentimos sea agradable a nuestro Salvador y por quienes Jesús murió.

“Por todas las actitudes de sectas que hemos tenido y exhibido, las cuales son pecaminosas y espiritualmente divisivas, pedimos el perdón de Dios y de ustedes. Un mundo perdido está a la espera del testimonio de la unidad cristiana genuina, la cual expresa verdaderamente el amor del Salvador que sigue siendo su única esperanza. Ciertamente, el mundo sabrá que somos verdaderos discípulos de Cristo por medio del amor que nos expresamos los unos a los otros y a los perdidos.

“Reconocemos nuestra culpabilidad de tener un orgullo institucional”, Murray continuó diciendo, “el cual no refleja la humildad del único Salvador de este mundo. Por favor, perdónennos por cualquier falta de compañerismo verdadero que ustedes hayan sentido. Deseamos trabajar en unidad para alcanzar a esta generación que perece, recordando que Jesucristo murió ‘para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’. Algún día, cuando miremos en retrospectiva desde el cielo, nos alegraremos de haber dejado de contender por asuntos que no son esenciales para la salvación”.[6]

Esa misma mañana, el asistente al supervisor general, el difunto Robert Fisher de la Iglesia de Dios, predicó en el servicio que hubo en el Aposento Alto, y enfatizó “con un profundo sentir” que Dios llevaba más de 10 años tratando en ellos el arrepentimiento. Aunque no se entregó un documento formal, el hermano Murray lo resumió en una carta abierta para los pastores, captando el espíritu de estas reuniones:

“No pretendemos entender completamente todo lo que Dios está haciendo o con qué propósito tuvimos estas reuniones especiales. Lo que sí sabemos es que Su oración en Juan 17, de que todos seamos uno, será contestada. Los que estuvimos presentes sabemos que el amor y la comunión que se sintió fue mucho más que algo arreglado por el hombre. Fue divino ―fue poderoso. Las barreras que Satanás erigió entre los hermanos comprados con sangre, fueron derrumbadas. ¡A Dios sea la gloria”.[7]

Estos intercambios de perdón mutuo (recibido por nuestro entonces supervisor general emérito, el difunto obispo M.A. Tomlinson) no tuvo ningún seguimiento formal. Mi opinión es que la disculpa de Murray contenida en 23 páginas pudo haber sido la premisa de una reconciliación formal entre nuestros dos grupos, mas el verdadero punto es que nuestra disculpa surgió del llamado del Espíritu Santo a un arrepentimiento en 1984, y que nuestra iglesia hermana emitió un llamado escritural a una asamblea solemente de la cual participó nuestro liderazgo. No se puede negar que el Espíritu de Dios trabajó entre nosotros para realizar estas acciones complementarias.[8] Hay que considerar seriamente que Él se constrita cuando fallamos en movernos hacia una relación de unidad sólida por el bien de lo que el mundo atestigua como una seria consideración. El Espíritu todavía espera en nuestra “obediencia por separado pero unida”.[9]

La preocupación del Espíritu por un mundo perdido (Misiología)
La renovación de una relación vital con el Espíritu Santo conduce naturalmente a la renovación de Su llamado a la misión. Nos tomó 10 años para responder formalmente, pero en el 1994, nuestra iglesia lanzó “Tornándonos a la cosecha”, lo cual se convirtió en nuestro mayor paradigma, centrado en la prioridad del Evangelio en lugar de nuestro enfoque anterior, “Hacia la perfección”[10]. Al dirigirnos hacia la cosecha del reino de Dios, descubrimos la necesidad de reconsiderar nuestro acercamiento al gobierno eclesial para estar más abiertos a otros cristianos que creen en la Biblia y revisitar nuestro acercamiento exegético a las Escrituras. Esto da honor a nuestro compromiso de “andar en la luz a su mejor conocimiento y habilidad”.[11]  La nobleza de tal compromiso a la membresía implica que la Iglesia opera bajo este mismo estándar y debe permanecer verdadera en su manera de manejar todos sus asuntos. En el lenguaje relevante del 1994, en el panfleto “Tornándonos a la cosecha” que está en los archivos de la IDP, nuestra iglesia se comprometió a lo siguiente:
Reconociendo que la cosecha requiere la unión de esfuerzos: 

Nos tornamos de todo lo que impida la cooperación y el compañerismo genuino entre los hermanos;

Reconocemos que la cosecha hoy en día requiere una labor urgente, concertada y en cooperación con todo el reino de Dios:

Nos tornamos a realizar la gran comisión con un espíritu de cooperación y servicio, sin importar quién se lleva el crédito.

Volver a abrazar la misión del reino de Dios para salvar a los perdidos se suma al reconocimiento de que la cosecha es mucho más grande que nuestros propios esfuerzos. Aunque nuestra Iglesia ha demostrado un mayor crecimiento desde que tornamos nuestra atención hacia la cosecha, todavía falta que nuestras acciones abracen completamente la participación en y con lo que otros hacen de manera formal. A la luz del verdadero cambio en el paradigma representado por nuestro fallecido supervisor general, “Cristo es el mensaje; la iglesia es la mensajera”,[12] podemos sentarnos juntos con otros con mayor frecuencia y más formalidad para que nuestra cooperación en la cosecha e intentos en el servicio sean más intencionales. Es evidente que nuestra exposición dentro de la PCCNA (siglas en inglés para Iglesias pentecostales/carismáticas de Norteamérica) es de ayuda. Nuestra presencia intelectual en organizaciones académicas como la SPS (siglas en inglés) y más tarde, nuestra nueva membresía en el “World Pentecostal Fellowship” (Confraternidad mundial del pentecostalismo) han sido decisiones positivas. Los esfuerzos del Desarrollo del Liderazgo y Discipulado a través del Centro para el Liderazgo Bíblico, el Ministerio de Jóvenes, el Ministerio de Niños y el Desarrollo Ministerial Acreditado también deben ser elogiados; es mucho lo que se puede logra a través de mucha labor de amor.[13]

Elogiamos y honramos a nuestros padres y a todos los que por medio de la dedicación personal y la práctica de una vida santa y sacrificada han compartido el conocimiento práctico que nace de la experiencia cuando se camina con fidelidad bajo la dirección del Espíritu Santo y dependiendo en oración de la Palabra de Dios, al igual que los que han laborado con Dios y que por años han levantado la cosecha de la iglesia. ¡No los olvidamos ni rechazamos! Algunos de ustedes nos han visto en nuestras altas y bajas de la historia y nos sentimos bendecidos por ustedes; mas, ahora les preguntamos, “¿Podrán bendecir a esta nueva era a la que entra la Iglesia?” ¡No podemos, no debemos y no seguiremos hacia adelante sin ustedes! Aprovechamos para felicitar también a todos aquellos entre nosotros que fielmente estudiaron y obtuvieron sus certificados, diplomas, maestrías y doctorados. Encomiamos a las instituciones que se han unido a nosotros en esta jornada de aprecio por el crecimiento en un aprendizaje de por vida dentro y fuera de Estados Unidos. Confiamos que todos nosotros juntos podamos ayudar a la Iglesia para seguir adelante, entender el aspecto bíblico y pastoral al sentarnos junto a otros en la mesa de Jesús, mientras somos dirigidos por Su Espíritu. No obstante, el efecto agregado a las actividades y cooperación de la cosecha de la IDP con otros grupos cristianos que creen en la Biblia todavía debe ser evaluado y completado en el futuro. Esto es un indicativo de que hay una mayor intención y planificación deliberada en nuestro acercamiento a la cosecha que busca la unidad cristiana de manera más profunda, sostenible y observable.

El Espíritu de Dios sigue trabajando en la salvación de las almas y aun sigue gimiendo por causa de nuestras divisiones, pero esto no nos libera de la devastación y vergüenza de nuestra desunión histórica. ¡Qué gozo habrá en el cielo y en la tierra cuanto todas las verdaderas iglesias cristianas nuevamente se levanten y restauren la Missio Dei (el Evangelio), llamadas para asumir su función en la unidad, de crear un pueblo que demuestre Sus alabanzas (virtudes), quien nos ha llamado de las tinieblas a Su luz admirable (1 Pedro 2:10)! Debemos tornarnos, más directamente, hacia el lado eclesiológico del llamado del Espíritu.

El llamado para ser la Iglesia de Dios y el llamado a la unidad de Jesús (Eclesiología)
El llamado del Espíritu para rededicarnos y ser la Iglesia de Dios de la Biblia, pero lejos de un centrismo eclesial[14] es un desafío que debe ser cuidadosamente interpretado. Nuestro ADN eclesial es un llamado de la Unión Cristiana de 1886 y la santidad para restaurar la iglesia del Nuevo Testamento representada por la Iglesia de la Santidad en los Campos del Arroyo, la cual fue organizada el 15 de mayo de 1902 y a la cual A.J. Tomlinson se unió un año después, el 13 de junio de 1903, declarándola como la Iglesia de Dios. Él fue ordenado como ministro ese mismo día y nombrado pastor para dirigir el pequeño rebaño. Dios levanta los movimientos de restauración dentro de la iglesia para llamarla de regreso a los temas bíblicos y dirigidos por el Espíritu. Una de las tendencias de tales movimientos es que la iglesia se aleje de lo que considera ser una iglesia entera. Los hermanos Wesley (John y Charles) lucharon contra esta tendencia durante muchos años en el metodismo, pero el rechazo de parte de su iglesia madre y la fuerza del nuevo movimiento eventualmente cedió a la Iglesia Metodista o al grupo de iglesias. La verdad es que es más fácil regresar a las normas escriturales estando en aislamiento (esto es, reclamar el comienzo de una iglesia) que traer la reformación a estructuras y sistemas eclesiásticos más viejos y menos vibrantes. Como demuestra la historia, este ha sido el aprieto de todos los reformadores. Ninguno de nuestros movimientos está libre de esta tendencia, pero Dios nos ha ayudado con la intervención de Su Espíritu Santo a madurar lo suficiente, y por la gracia de Dios debemos reconocer lo que Dios está haciendo en Su reino y en Su mundo. Eventualmente, todos debemos llegar a lo que yo llamo la “mesa de la unidad de Jesús”.[15] Yo creo que nuestra Iglesia ha estado y está preparada para este proceso, como también lo están todas las verdaderas iglesias cristianas. Creo que ahora estamos en un período donde hay un “Llamado especial del Espíritu” para acercarnos a la mesa de unidad de nuestro Señor. Tal parece que todo lo demás necesario para facilitar tal reunión implica para esta Mesa que está lista ―todas las cosas, ¡con excepción de la iglesia!

El fallecido John W.V. Smith (d. 1984), un historiador del movimiento de la Iglesia de Dios (Anderson) propuso seis puntos sobre el acercamiento a la unidad que merece una cuidadosa consideración de parte de todos nosotros con raíces en las tradiciones de santidad wesleyana. Aquí hago mención de ellas:

1. Los creyentes de la santidad no están listos para aceptar fácilmente las respuestas justificadas sobre la división de la Iglesia. Aun los cristianos “liberales” oran por el perdón de Dios cuando participan en el pecado de la división.

2. Hay una preocupación apasionada por la santificación personal que no debe trastocar la otra gran preocupación por la doctrina de la Iglesia. Está bien tener presente que el apóstol Pablo usó la palabra santificar en relación a las personas y a la Iglesia.

3. A la luz de la oración que Jesús hizo por la Iglesia (Juan 17), los conceptos de “la unidad espiritual” y “la unidad invisible” son inadecuados e inconsistentes con las aparentes implicaciones del “amor perfecto”.

4. La asociación y el concilio son acercamientos abortivos a la unidad cristiana en que sólo mitigan el mal de la división y no lo quitan.

5. La no denominación es un concepto inadecuado para la realización completa de la unidad cristiana en que expresa primordialmente algo negativo en lugar del carácter positivo de la Iglesia.

6. En este tiempo de la historia cristiana puede ser especialmente propio que todos los proponentes de la santidad a que se dediquen a darle mayor atención a las implicaciones relacionales de esta doctrina hasta que, bajo la dirección del Espíritu Santo, podamos dirigir el camino hacia la unificación de toda la Iglesia para que el mundo pueda creer.[16]

El cumplimiento de la unidad cristiana por la cual oró Jesús nuestro Señor (Juan 17:20-23) eventualmente operará en la iglesia mientras que nosotros, con toda seridad ejercitemos todo esfuerzo (corporativo-coletivo en nuestros grupos, e individualmente) para reflejar esa unidad de manera práctica y observable. La oración de Jesús enlaza esto a Su llamado al mundo para que crea que el Padre Lo envió. Creo que esta unidad fue a la que Pablo hizo referencia en su carta a “los efesios”.[17], capítulo 4:1-13, el cual puede ser leído como una reflexión de la obra del Espíritu en edificar el cuerpo de Cristo hacia la unidad que hay en Cristo y Dios. Ahí somos amonestados a “mantener (seguir buscando, reflejar, guardar) la unidad del Espíritu en el vínculo del amor”. Esto no es una tarea pequeña; debe ser tratada intencionalmente, pues es deber y responsabilidad de cada cristiano. Desafortunadamente, a través de la historia cristiana, la Iglesia de Dios ha fallado en esta tarea poderosa, y continúa fragmentándose en unidades separadas u organizaciones y sub-organizaciones. A medida que nos adentramos en la cultura de los “tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3), nosotros (toda la iglesia) debe atender la amonestación que Pablo le dio a Timoteo en los versículos 14-17, cuando se reenfocó en la autenticidad, el rol y la autoridad de las Escrituras. La iglesia debe seguir acudiendo a las Escrituras (en un espíritu de amor y humildad profunda) para poder realizar y manifestar eficientemente esa unidad que el Espíritu genera. Es tiempo de que nosotros, los herederos del movimiento de la Iglesia de Dios que comenzó en esta área, más formalmente comprometidos en este asunto, necesitamos comenzar entre nosotros mismos.

Para acercarnos con seriedad a la mesa de la unidad de Jesús, cada uno de nosotros debe tener pleno conocimiento de lo que constituye nuestra propia tradición de la Iglesia. Debemos conocer lo que verdaderamente creemos y poder presentarlo en un espíritu de amor y con mentalidad de humildad. Debemos permitir que sea probado, refinado y moldeado bíblicamente por las opiniones de los demás. Debemos cultivar una mente abierta hacia el Espíritu de Dios que predomina en la mesa de la unidad de Jesús. Para lograr esto de manera efectiva y práctica, debemos formar un cuerpo representativo cuyo trabajo primordial sea articular claramente lo que creemos, identificar nuestras diferencias con otros (primero los que más se acercan a nuestra tradición y luego los que están más distanciados) y trabajar continuamente en una atmósfera de relación saludable que proponga áreas de cooperación práctica, ajuste y reconciliación. Estoy consciente de todo el terreno ganado por la unidad de la Iglesia en el pasado siglo, mucho de ellos en los círculos ecuménicos. Pero nosotros los que estamos en los movimientos de la Iglesia de Dios y la Iglesia de Dios de la Profecía que comenzó en estas montañas deben estar más directamente envueltos con esta tarea. Debemos unir los esfuerzos para reducir las tensiones y entender cómo lograr una cooperación más efectiva por el bien del Evangelio. A la misma vez debemos reducir el paralelismo[18] en todas las iglesias que forman parte de esta herencia, para formar unidades dialógicas (comisiones) cuyo objetivo primordial de hablarse mutuamente luego de evaluar y cristalizar las acciones reconciliadoras, podemos recomendar a nuestros propios líderes de la iglesia. Esto implica una evaluación honesta e imparcial de nuestras propias historias, la identificación de errores y cómo corregirlos o hacer enmiendas y buscar formas de servicio común para el reino, hasta alcanzar, hasta donde podamos, sin prejuicio o fraude, el acercamiento mutuo y estar a la mesa denominacional que se prepara para sentarse a la mesa de la unidad de Jesús, relacionalmente sanados en un acuerdo. Repito, creo que nuestro Señor está llamando a todo Su pueblo a Su mesa especial y común de la unidad. Creo que el Espíritu de Dios entrará a nuestros humildes esfuerzos sin fraudes para que Lo honremos y obedezcamos.

Puede que ya existan cuerpos en nuestros grupos que ya estén adaptados, expandidos o renovados para lograr a esta necesidad. Pero no existen sujetos o metas u objetivos añadidos que nublen esta agenda de unidad. El único enfoque debe ser la reconciliación y la unidad relacional que en oración realice lo que el Señor nos ha llamado en esta gran herencia, ¡nuestra historia compartida! ¡Nos espera una mayor cosecha!

La sabiduría y el conocimiento de Dios (La respuesta a la desunión)
La gran doxología de Pablo (Romanos 11:33) refleja la inestimable sabiduría y riquezas profundas de Dios y Su inefable plan para salvar al mundo, celebrar la llegada, vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Nuestro Señor Jesucristo es el cumplimiento de las promesas de Dios a nuestro padre Abraham. Esa palabra de Dios creó la nación santa compuesta de todos los pueblos, naciones y lenguajes (la familia de Abraham) que el microcosmo representa hoy (1 Pedro 2:9, 10). Pero este dato, lo que Dios intencionó hacer con Abraham, se mantuvo oculto de la historia hasta que fue revelado a y a través de los santos apóstoles y profetas de Dios (Efesios 3:1-5). Para nosotros está oculto cómo Dios traerá a todo Su pueblo a la unidad de la oración de Jesús, pero creo que el mismo poder que unió a los judíos y gentiles en un solo cuerpo mediante el rompimiento de la “pared de la división” en la cruz es tanto activo como capaz de alcanzar el propósito santo de Dios de la unidad cristiana. Ya somos uno en Cristo a través de Su Espíritu Santo. Por esto, nada puede detener el eventual testimonio de un mundo unido a la magnificente salvación que se encuentra en nuestro Señor Jesucristo. Su oración prevale y Su gloria se ve en la Iglesia (Efesios 3:21). Mi opinión es que Él nos presiona para envolvernos y alistarnos en todo lo que nos prepara para esta unidad.
Amados, por el bien de los padres
Sí, movimientos de la Iglesia de Dios de la Profecía e Iglesia de Dios, somos amados por causa de nuestros padres; sí, tenemos un patrimonio en la creencia, predicación y enseñanza de la unidad cristiana de una u otra forma. Pero ahora debemos avanzar más allá del legado, para profundizarnos en la realización plena del cumplimiento que está en la oración del Señor en Juan 17. Dos breves declaraciones resumidas por James Earl Massey y Barry L. Callen forman una conclusión a esta apelación: “Tenemos la unidad, pero nuestra experiencia debe ganarse”. Callen lo puso de esta manera: “Mientras que la unidad cristiana es un don de Dios a través del Espíritu, esto se realiza solamente cuando los cristianos intencionalmente se abren a la comunión con otros creyentes.”[19] Nuestra disposición para seguir la dirección del Espíritu bien refleja el tema de la Asamblea de la IDP de 1991. Es una oración, un clamor desesperado para que nuestro Señor intervenga: “¡Jesús, toma control!” Y es un clamor que indica nuestra disposición para ser reconciliados, nuestro compromiso para adorar y nuestro deseo para someternos unos a otros, en el espíritu de Efesios 5:18-33.

¡Sí, Señor! Toma control y promueve Tu unidad en la mesa que está ante nuestra vista, en nuestro tiempo. ¡Ayúdanos a entregarte todo lo que nos divide! Tu Iglesia anhela ser sanada para que fielmente Te refleje a las naciones, para que levantemos Tu cosecha y el mundo que nos mira sea desafiado a creer en Ti; que el Padre sea glorificado en el Hijo y el Hijo en Su pueblo. Ayúdanos a postrarnos y adorarte porque Tú eres la cabeza de la Iglesia y el único Salvador del cuerpo. A pesar de nuestras divisiones y diversidades, ¡por favor renuévanos en Tu unidad y con la gracia de la Santa Trinidad!

“¡Oh, cuán profundas son Tus riquezas en la sabiduría y conocimiento de Dios! ¡Cuán inescruptables son Tus juicios y Tus caminos son alcanzables!” ¡Amén!

¡Señor Jesús, Tu Iglesia depende totalmente de Tu santa sabiduría y conocimiento!

Adriá L. Varlack, padre, historiador de la Iglesia

Sermón/papel histórico

Preparado para

La 100a Asamblea Internacional de la Iglesia de Dios de la Profecía,

Servicio conmemorativo del patrimonio Pre-Asamblea,

Los Campos del Bosque, condado Cherokee, Carolina del Norte, 17 de julio de 2018

Este artículo es la continuación de la edición (en inglés) de junio 2020 del Mensajero Ala Blanca.
[1] Con el propósito de darle énfasis especial y por causa de su importancia contemporánea y ecuménica, seleccioné la frase descriptiva “unidad cristiana”, que no requiere letra mayúscula. Por consiguiente, en este artículo quedará así en todos sus usos, con la excepción de cuando se cita a otros.

[2] Koivisto, Rex A., One Lord, One Faith: A Theology of Cross-Denominational Renewal [Un Señor, una fe: Una teología de la renovación cros-denominacional], (Wheaton: Victor Books/SP Publishers, Inc. 1993), 193. Una de las definiciones que Juan Wesley ofrece sobre la iglesia, basado en Hechos 5:10, lee de la siguiente manera: “He aquí un espécimen nativo de la iglesia del Nuevo Testamento: llamado por el Evangelio, unido a Cristo por el bautismo, animado por el amor, unido por todos en la comunión y disciplinado por la muerte de Ananías y Safira” (como fuera citado por Kenneth J. Collins en The Theology of JOHN WESLEY: Holy love and the Shape of Grace [La teología de Juan Wesley: El amor santo y la forma de la gracia], Nashville: Abingdon Press, 2007, 239, 240).

[3] Minutas de la Asamblea Anual de las iglesias del Este de Tenesí, del Norte de Georgia y el Oeste de Carolina del Norte, 26 y 27 de enero de 1906 (en forma de tratado, en inglés solamente), p. 4, segundo paráfro (Archivos de la IDP, Cleveland, Tenesí).

[4] Minutas de la 79na Asamblea, Iglesia de Dios de la Profecía, 1984, página 233, Reporte del Comité de Preguntas y Respuestas”, “Un llamado al arrepentimiento de toda la iglesia”.

[5] Ibid.

[6] Véase la declaración completa de Murray en el libro Fundamentos: Historia concisa, gobierno, doctrina y futuro de la Iglesia de Dios de la Profecía, (Cleveland, Tenesí: Casa de Publicaciones Ala Blanca, 2014) Apéndice D, 187.

[7] Esta fue una carta abierta del supervisor general dirigida a los pastores de Norteamérica, y fue publicada (en inglés) en la edición del 14 de febrero de 1995 de la revista White Wing Messenger (publicación oficial en inglés de la Iglesia de Dios de la Profecía), 9.

[8] Ibid, páginas 8, 9 presentan la carta por completo [publicada solamente en inglés].

[9] El evento de “Together 2000” (Juntos 2000), fue una reunión de líderes pentecostales realizada en Washington, DC. Los supervisores de aquel entonces, el Dr. R. Lamar Vest de la Iglesia de Dios, y el obispo Fred S. Fisher, padre de la Iglesia de Dios de la Profecía, firmaron una Iniciativa de Cooperativa Evangelística que tomó efecto del 1 de agosto de 2003 al 1 de agosto de 2006. Este esfuerzo fue supervisado por el Comité de la Iniciativa en Cooperativa, compuesto de seis miembros, tres de cada movimiento. El reverendo Billy Wilson fue nombrado el primer “Ministro internacional de alcance” y sirvió hasta que el esfuerzo se disolvió al concluir el período de tres años. Tanto Vest como Fisher concluyeron sus términos antes de que concluyera el acuerdo. Lograr que la viabilidad y sustento de tal proyecto claramente necesitaba más trabajo.

[10] Minutas de la 88va Asamblea, Iglesia de Dios de la Profecía, 11-17 de julio de 1994, 9-12.

[11] Cita tomada del Pacto de Membresía de la Iglesia de Dios de la Profecía, el cual lee: “¿Promete usted sinceramente en la presencia de Dios y estos testigos que acepta esta Biblia como la Palabra de Dios, creer y practicar sus enseñanzas correctamente —el Nuevo Testamento como regla de fe y práctica, gobierno y disciplina, y andar en la luz a su mejor conocimiento y habilidad?”, Minutas de la Asamblea, 82da Asamblea a nivel mundial, 1987, 53, (Reporte del Comité de Preguntas y Respuestas, Sección 10, B #3).

[12] Una introducción a la Iglesia de Dios de la Profecía (panfleto de promoción de las oficinas internacionales), 3ra impresión, 1999, 11.

[13] Incidentalmente, esto sucedió durante la administración del otrora supervisor general, Fred S. Fisher, padre, que la atención de la IDP fue puesta en la educación superior a pesar de que los esfuerzos no fueron llevados a cabo completamente hasta la administración del otrora supervisor general, el obispo Randall E. Howard.

[14] La apelación de 1984 para que la iglesia se arrepentiera (Guía de los Asuntos de la Iglesia, 1992, página 73) incluye un llamado para confesar nuestro egocentrismo, la falta de una compasión profunda por un mundo perdido. ¡La iglesia era egocéntrica!

[15] Este término llegó a mi mente en junio de este año mientras enseñaba la clase “Formación Eclesial” en el Centro para el Liderazgo Bíblico en Bronx, Nueva York. Dado a que nuestro Señor Jesucristo es nuestro común “denominador”, Su mesa de la unidad puede ser neutral y corrige a todos, Su iglesia fiel. Cuando presentamos nuestras diferencias y tensiones, toda la Iglesia pudiera experimentar el “lavatorio de pies” que Jesús dirigió, como lo hicieron Sus discípulos durante la Santa Cena. Lucas nos dice que ellos también discutieron sobre quién sería el más grande en el reino (Lucas 22:24).

[16] Citado por Callen, Barry L., “Joining Holiness and All Truth”, The Church that God Intends: Reconsidering the Reformation Heritage of the Church of God (Anderson), (Lexington: Emeth Press, 2009), 43. Publicado primeramente bajo John Smith, “Holiness and Unity”, Wesleyan Theological Journal (primavera 1975), 35, 36.

[17] Esto bien pudo haber sido una carta circular (encíclica) que se leyó en diferentes localidades (véase Mac Donald, The Pulpit Commentary, Vol. XX, “Introduction to the Epistle to the Ephesians”, iv).

[18] Por causa de menos esfuerzos, sugiero que la continuidad debe ser fundada sobre cualquier proceso o procesos que podamos establecer. Con frecuencia, al tope de las oficinas de nuestras iglesias, la norma es cambiar a los líderes. Por consiguiente, se difererían, perdían o reasignaban los énfasis, por causa de las prioridades bajas que cambiaban según las administraciones. Una comisión continua se compone primordialmente (pero no exclusivamente) del personal de bajo nivel, el liderazgo del campo (pastores y supervisores) y académico, quienes tienden a soportar, mantener y asegurar las ganancias obtenidas.

[19] Según citado por Elizabeth H. Mellen al principio de su artículo, “An Ecumenical Vocation for the Wesleyan Holiness Tradition?” en Barry L. Callen, editor, The Church That God Intends, op cit., 211.

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