Declaración del supervisor general sobre la decisión de la suprema corte del EE.UU. tocante a los matrimonios entre personas del mismo sexo

clements_sam-270x300En respuesta al fallo judicial emitido por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos con respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo, el supervisor general de la Iglesia de Dios de la Profecía —Sam N. Clements— ha emitido la siguiente declaración:

La Iglesia de Dios de la Profecía cree que el matrimonio es una institución de por vida, establecida por Dios, que consta de un hombre y una mujer unidos como marido y mujer. Por naturaleza, el matrimonio existe para el amor mutuo y apoyo de los cónyuges, para la procreación y crianza de los hijos, y para ser el fundamento de la comunidad. Como institución, el matrimonio es importante para la continuación de la raza humana y la dignidad, estabilidad y prosperidad de la familia y la sociedad.

Por cuanto la relación matrimonial ofrece estos beneficios, y muchos otros, para el individuo, la sociedad y la Iglesia, hemos declarado llanamente nuestra postura sobre la santidad de la institución del matrimonio. Creemos que dicha institución debe ser preservada, protegida y promovida.

La Asamblea General de 2006 aceptó el documento titulado “La Institución Bíblica del Matrimonio”. En dicho documento, nuestra Iglesia definió lo que creemos ser un matrimonio bíblicamente válido. En la Sección II, Artículo C-4, el documento lee de la manera siguiente:

Los Tipos de Matrimonios

Casi todas las sociedades conocidas operan un sistema complejo, el cual envuelve la coexistencia de diferentes regímenes dentro del mismo sistema legal nacional, tales como las leyes tradicionales y las leyes comunes. En varias partes del mundo, es común encontrar que las leyes basadas en las costumbres indígenas existen a la par de las leyes tradicionales, basadas en el antiguo poder colonial. De acuerdo a la [ley] romana, habían dos tipos de matrimonios: el matrimonio manus, el cual significaba que la esposa estaba en “las manos” de su esposo (en su control legal); un matrimonio libre era cuando la esposa no estaba sujeta a tal control; la esposa era legalmente independiente (el esposo no tenía poder legal sobre ella). La iglesia cristiana reconoce estas diferentes variaciones del matrimonio, con la excepción de la poligamia, matrimonios libres (ley común), matrimonios del mismo sexo, o donde otros elementos de matrimonios bíblicamente legítimos han sido violados (Actas de Negocios Importantes de la 94ta Asamblea Internacional, página 26).

Debido a que la sociedad se ha apartado de los valores judeo-cristianos, la iglesia debe renunciar a todas las uniones ilegítimas, tales como la homosexualidad, incesto, matrimonios polígamos, aun si son legales ante los ojos de los gobiernos a nivel local, estatal o nacional (Actas de Negocios Importantes de la 94ta Asamblea Internacional, página 26).

Por lo tanto, como renunciamos a las uniones bíblicamente ilegítimas que describimos anteriormente —lo cual incluye a los matrimonios entre personas del mismo sexo—, no se permite que los ministros oficien ceremonia alguna para los mismos ni tampoco se permite que las iglesias sean anfitrionas de dichas ceremonias.

El documento llamado «La Institución Bíblica del Matrimonio» es un recurso excelente para comprender mejor la postura de la Iglesia de Dios de la Profecía sobre la mayoría de los temas que conciernen al matrimonio y la familia. Para leerlo, descargue una copia digital accediendo a la página web de la IDP, la cual se encuentra en aquí.

Debemos recordar que la Escritura nos manda a mostrar el amor y la compasión de Cristo a todas las personas. Este mandamiento no pone en peligro, de ninguna manera, nuestra postura bíblica contra la homosexualidad y contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. Tenemos que amar a todas las personas y decirles —con amor, humildad, compasión y civilidad— la verdad de la Palabra transformadora de Dios.

Por último, condenamos cualquier acto de violencia o de abuso, ya sea verbal o física, contra cualquier persona por motivo de su orientación sexual. Dichas acciones violan el mandamiento del cristiano de amar a su prójimo como a sí mismo.

Al orar por nuestra nación, debido a la mente la promesa de 2 Crónicas 7:14, el cual dice: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré de los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. Pese a lo que digan las noticias de nuestro tiempo, aún tenemos la esperanza de que nuestras oraciones toquen el corazón de nuestro Padre; pero también tenemos una responsabilidad como pueblo Suyo. Humillémonos y oremos al Padre por nuestra nación.

—Obispo Sam N. Clements, Supervisor General, Iglesia de Dios de la Profecía


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